Revo-lución, Robo-lución, Invo-lución

 

Vivir es desviarnos incesantemente. De tal manera nos desviamos, que la confusión nos impide saber de qué nos estamos desviando.

Franz Kafka



Son dieciocho años que vivimos total, plena y absolutamente atrapados y confundidos, aturdidos, unos por desconocimiento, otros por incultura, también por ignorancia y los más por no-me-importismo. Hace dieciocho años que la conmiseración, la lástima jugó un papel muy importante, fue protagonista trascendental de nuestra historia, porque permitió que se deposite la confianza y esperanza de un pueblo en alguien que no supo, no sabe, ni sabrá, ni le interesa representar ni dirigir a los bolivianos y sólo tenía y tiene intereses personales, sectarios, sindicales y partidarios. Hace dieciocho años no se sospechaba que, al posesionar un presidente, de su mano venían adláteres, áulicos, a quienes también se los estaba entronizando, coronando, se estaba creando una casta que jura y rejura jamás dejar el poder, que llegaron para quedarse, nunca irse. Fue el mayor error nunca jamás antes visto.



No sólo nos confundieron, también llegaron a confundirse, a desorientarse es desagradable, detestable escuchar, leer, ver como se llenan la boca, como se desviven en alabanzas, halagos, en elogios sobre una ilusoria, fantasiosa, imaginativa revo-lución democrática y cultural, de la que sólo se escuchan, leen y ven ingeniosos eslóganes, ocurrentes frases, creativos lemas, ofende ver a nuestra amada República, convertida en una trasnochada plurinacionalidad, a nuestros símbolos patrios, sañudamente secundarizados por distintivos sectarios, comunitarios, hiere ver que la anhelada inclusión haya profundizado la exclusión, alentando y exacerbando el racismo y el odio entre bolivianos, creando bolivianos de primera y de segunda, nada más “esito seria” la revo-lución democrática y cultural.


Honestamente, con abierta franqueza estoy seguro que, hubiera aplaudido, hubiéramos aplaudido, aún estaríamos aplaudiendo si los cientos de cientos de programas, de proyectos de sedes sindicales, gremiales, canchitas de fútbol, obras faraónicas, megalomaníacas, empresas públicas deficitarias, coliseos elefantiásicos en medio de la nada que hoy se deterioran aceleradamente, donde se han erogado, se han derrochado, se han malgastado miles de millones de dólares, habrían servido para encarar, ejecutar proyectos, programas que verdaderamente habrían beneficiado, servido para mejorar la calidad de vida de bolivianos que viven en la patria profunda, en los lugares más recónditos, más aislados, incomunicados, sumidos en la extrema pobreza, en el perenne olvido.



Con una parte de la ingente, formidable cantidad de fondos dilapidados se podía haber dotado, de ser necesario, a través de fuentes alternativas, de los servicios básicos (luz, agua potable y alcantarillado) a miles de comunidades, de poblados de cien, doscientos habitantes y eso sí hubiera representado una verdadera, una auténtica revolución porque habría sido cien, doscientos veces mejor, más beneficioso, más acertado que esparcir, que sembrar por todo lado, canchas sintéticas, coliseos hoy abandonados, deteriorados. Es evidente que, políticamente, obras en lugares remotos, comunidades alejadas, pueblos apartados, en caseríos aislados no las hubieran visto los conmilitones, los aplaudidores, los adulones.



Es una verdadera, genuina robo-lución, porque en dieciocho años, más allá de la corrupción, nepotismo, prebendalismo, se han apropiado, se han robado los sueños de esos cientos de miles de conciudadanos que viven del día a día y que tenían esperanzas de alcanzar estabilidad laboral, bienestar económico, mejorar su calidad de vida, dar mejor educación a sus hijos y sólo están recibiendo dádivas saturadas, bañadas de frases hermosamente coreografiadas, divinamente maquilladas, poéticamente escritas sobre un futuro promisorio que nunca acaba de llegar, eso sí, ven como el vecino, el amigo que se ha enquistado, apoltronado en el poder ha salido de la pobreza.



Innegablemente, irrefutablemente la teórica revo-lución se ha traducido no sólo en robo-lución, también en invo-lución, es patético, deprimente ver como en todo hemos retrocedido no unos años, más bien décadas, no falta el retrógrada, el ludita que sueña con volver a la época del Tahuantinsuyo, se confunde libertad con libertinaje, olvidando reglas básicas de convivencia, de educación, de cultura, de urbanidad, se marcha y bloquea por todo y por nada, la intolerancia, la prepotencia, la soberbia, la imposición son cartas diarias, es verdad el Sol se ha escondido, pero se ha escondido al ver lo que hemos retrocedido, la Luna se ha escapado, pero se ha escapado al ver cómo han traicionado principios y valores que decían respetar.



Con absoluta ignorancia, maquiavélica soberbia, cruel impostura su afamado, célebre, adulado proceso de cambio sirvió para destruir la frágil institucionalidad, aniquilar la incipiente meritocracia, es cierto todos tienen derecho al trabajo, pero no justifica que las instituciones, empresas estatales sean rifadas, rematadas, distribuidas como botines de guerra entre conmilitones, aplaudidores y vitoreadores, el manejo de la cosa pública, de la administración pública es algo muy serio y difiere diametralmente de cuidar, dirigir, administrar un sindicato, un gremio, una junta vecinal.



Fastidia, irrita que nos crean deficientes mentales, zopencos iletrados, bobos de pacotilla que nos vamos a engullir todo lo que nos dicen, hacen y muestran, con circunloquios, frases hechas y vaguedades tratan de suavizar la carga negativa de la gestión económica, edulcoran la realidad, poetizan la crisis. Los escasos aciertos que tienen por la conjunción, por el alineamiento de planetas, por el choque de estrellas son convertidos en logros planificados, previamente diseñados, producto del modelo económico, contrariamente, pérdidas, fallos, errores, desaciertos son absolutamente negados, rotundamente rechazados, totalmente desmentidos o arteramente achacados, ladinamente endilgados, astutamente atribuidos a los opositores de turno.



Más tarde que temprano tenía que llegar, la economía, la población tenía que empezar a sentir los efectos de tanto despilfarro, de tanto derroche, sin prisa, pero sin pausa, estamos empezando a pagar no sólo los platos y vasos rotos de la fiesta, de la juerga, de la bacanal que tuvieron durante los primeros trece años de gobierno, sino también debemos pagar a los músicos, mozos, animadores, payasos y a cuanto fantasma se le ocurrió asistir a la pachanga, a la parranda, etc., tristemente, desafortunadamente vemos como ya se perdió una década y pronto se perderá la segunda por seguir creyendo en cuentos y cantos de sirena.


 

Al igual que aquellos que padecen una enfermedad no tienen fuerzas para realizar ningún trabajo físico, aquello cuyas mentes están aturdidas por la confusión tampoco las tienen para realizar ninguna acción virtuosa.

Shantideva



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