Cuando llego a casa, mi hija va
corriendo a la puerta y me da un gran abrazo, y todo lo que pasó ese día tan
sólo se desvanece.
Hugh Jackman
Cuando supimos que íbamos a ser
padres, con Susy, mi esposa, nos vimos invadidos por una indescriptible
felicidad, inenarrable algarabía, más allá de nuestras ansias y curiosidad
decidimos no averiguar el sexo del futuro o la futura bebé Camargo Rocha, probablemente
Susy sospechaba, presentía que Ser albergaba, pero no lo decía, luego de un
juego de combinar nombres, acordamos qué se iría a llamar si era varón y qué
nombres tendría si era mujercita, transcurridos lentamente, cansinamente los
interminables meses de ansiedad, inquietud y de malestares maternales llegó el
día y la hora, con impaciencia, emocionado y mucho nerviosismo vi ingresar a
Susy a la Sala de Partos y tuve el honor de entregar a la enfermera encargada
un papel con ambos nombres, pidiéndole que nos diga el nombre de quien había nacido.
Y fue así como nos enteramos que Leandra Valeria era quien había llegado a nuestras vidas, su fragilidad contrastaba con su hermosura, su llanto no alcanzaba a amainar nuestra inmensa y profunda alegría, sus manitas perfectas trataban de asirse a su convaleciente, pero resplandeciente y dichosa madre, a quien ni sus dolores le pudieron apagar, ni cubrir ese orgullo femenino de haber dado vida a un Ser que se iría a apropiar, a adueñar de nuestros corazones, a revolucionar, a transformar nuestros días que nunca más volverían a ser los mismos.
Desde entonces, el bullicio, la
alegría llegaron y se apoderaron de nuestra casa, para nunca abandonarla,
contrariamente el barullo, el alboroto se vieron reforzados, incrementados con
la llegada de otra hermosa bebé, Daira Ismenia la hermanita de Leandra Valeria,
en las paredes, en los muebles de nuestro hogar y en nuestros corazones están
fina y delicadamente labradas y grabadas cada una de sus travesuras, sus
llantos, sus deseos, sus desilusiones, sus rabietas, pero ante todo sus risas,
sus alegrías, sus triunfos, aún ahora al recorrer pasillos y habitaciones
podemos escuchar, su alegre voz, sentir el latir de su corazón, sus suaves
pasos, sus traviesos saltos, su encantador aroma.
Son vívidos los recuerdos como de
pequeña precisaba nuestras manos para dar sus primeros pasos, sus manitas se
asían con ansiedad, con desesperación para alcanzar, para conseguir lo que se
proponía o buscaba, fue desde entonces que la curiosidad se convirtió en su
fiel compañera, no había rincón, escondite, ni sitio de la casa que no hubiera
sido investigado, husmeado, marcado por ese innato interés. La perenne alegría
que le acompañaba contrastaba con la seriedad y concentración que ponía al
jugar con sus muñecas, con sus barbies, fue muy triste ver cómo llegó el día
que las dejó, las abandonó, seguro que hasta ellas recuerdan y añoran la
asombrosa dedicación, el extraordinario cariño que les profesaba,
posteriormente esa atención, esa dedicación fue volcando en bebés, niños y
principalmente en Luna Sofia su amada sobrina y pronto lo desparramará, lo
amplificará en el, desde ya amado, maravilloso y esperado bebé que hoy alberga
y cobija en su Ser.
Poco a poco, día a día fue
creciendo y con ella sus alas comenzaron a extenderse, a fortalecerse, parece
ayer, pero ya han pasado veintiséis años desde que ingresó a las aulas del
prekínder, iniciando su vida de aprendizaje, de formación que culminó exitosamente
ostentando un título profesional, hoy trabaja en una prestigiosa empresa, pero
sus responsabilidades y seriedad laboral no le han quitado esa actitud alegre
de ver la vida, esa dicha de ser optimista.
Así como, ese día con sentimientos encontrados de
emoción, alegría, llanto y tristeza la vimos cruzar por primera vez nuestra
puerta para dirigirse al prekínder, luego al Colegio, posteriormente a la
Universidad, llegó el día que cruzó por última vez la misma puerta como la
señorita Camargo Rocha para convertirse, pasar a ser la señora Camargo esposa
del Señor Fabrizio Peña, con quien sin prisa, pero sin pausa, están construyendo
su hogar, comenzando a escribir en las páginas del libro familiar Peña Camargo,
sus paredes, sus muebles comenzarán a tener historias y pronto, muy pronto el
bullicio, la algarabía llegarán y se apoderarán de su hogar. Cuando los vimos
juntos por primera vez, hace muchos años, íntimamente presentíamos el desenlace
final, pues contrastando con la eterna jovialidad y perenne alegría de Leandra
Valeria, Fabrizio siempre se mostraba tranquilo, apacible, en ambos encontrábamos
que su relación era seria y no un juego, no un pasar el tiempo.
La certeza de ver a Leandra Valeria feliz, segura del paso que dio hace ya un año, convencida de afrontar con responsabilidad su nuevo estado, con la correcta y adecuada capacidad de resolver con amor las tormentas que pudieran presentarse, es para nosotros más que suficiente para amainar, para mitigar el silencio, la quietud que se ha apoderado de nuestro hogar, sólo nos queda buscar en las paredes el recuerdo de sus risas, de sus travesuras, cuando nos visita volvemos a escuchar su risa, a vivir su alegría, a celebrar sus triunfos, a calmar sus ansiedades.
Anteayer fue Daira Ismenia quien dejó el hogar
familiar, ayer fue Leandra Valeria, así como Luna Sofia, es nuestro mejor y
primer consuelo, mañana llegará el segundo o la segunda y pasado mañana vendrán
otros nietos que nos consolarán y el bullicio, la algarabía volverán a
apoderarse de nuestra casa, de nuestras paredes, aunque íntimamente con Susy
sabemos que sólo serán visitas momentáneas, estadías esporádicas, nuestros
corazones se están habituando, se están acostumbrando a regocijarse, a
contentarse con esos momentáneos bullicios, con esas pasajeras alegrías.
Vale, hace un año te llevaste un pedazo de nuestros
corazones, pero nos dejaste un retazo de tu alegría, un trozo de tu eterna
algarabía, sabemos que eres feliz, te vemos feliz, estamos seguros que vas por
la senda correcta, lo mereces, te queremos infinitamente, te amamos incondicionalmente,
pero sobre todo te extrañamos.
Quizá no tenga todas las cosas materiales que deseo tener,
pero tengo el tesoro más grande del mundo, mi familia.









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