La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia.
Amos Bronson Alcott (1799-1888)
Filósofo y profesor estadounidense.
Y así fue, durante catorce inacabables e
interminables años estuvimos gobernados, regidos por la Ignorancia, a tal grado
cayó la decepción, el desprecio, la desilusión por los políticos tradicionales
que muchos, hoy terriblemente arrepentidos, no paran de lamentar haberle dado
su voto, reniegan denodadamente haber depositado su confianza en una persona
con mucho instinto sindical, excesivo olfato gremial, nula formación política,
arrogantemente iletrado e innegablemente inculto.
A tal grado llegó su soberbia y arrogancia que en
esos catorce años no se molestó, menos se preocupó en formarse o instruirse, le
fue suficiente que le alabaran, endiosaran y se envaneció, le contaron que era
un emisario divino y se la creyó. Aprendió muletillas antiimperialistas baratas
y simplonas que hasta hoy las repite y repite cual disco sinfín.
Usó, abusó, se aprovechó y disfrutó del poder como
ningún otro gobernante, a pesar de su odio y desprecio racial sus más
incondicionales y serviles acólitos eran “blancos”, que por no enfadarle y
tratando de agradarle se disfrazaban con poncho y abarca, recitaban sus
muletillas, justificaban sus continuos berrinches, explicaban sus constantes
metidas de pata, decodificaban, descifraban sus devaneos mentales, reían de sus
chistes machistas, aplaudían sus alusiones misóginas, mientras tanto cambiaban
su fragilidad económica por pobreza moral.
Hace cinco años su delirante angurria e incurable
enfermedad de poder le traicionó, creyó que una vez más su fraude pasaría
desapercibido, que sería soportado, aceptado. No fue así, era demasiado
evidente, exageradamente descarado, insultaba la inteligencia, creía que
compartíamos su ignorancia. Y tuvo que renunciar y huir, mostrando su verdadero
rostro, el de un simple pusilánime e indisimulable cobarde.
Queriendo cambiar la historia sus esbirros nos han
contado y nos vienen contando que dejó la presidencia porque le dieron golpe de
estado, sólo por tener la justicia esclavizada, secuestrada, prostituida no
sale a la luz la verdadera e innegable verdad que todos, hasta el evista más
recalcitrante y fanático sabe que su jefazo renunció y huyó porque es un
cobarde, pero lo calla y quizá cuando se encuentra solo siente vergüenza de
defender lo indefendible. Ahora que se animaron a abrirle procesos judiciales
por sus in-morales adicciones sexuales, muestra en toda la extensión y grandeza
de la palabra, su cobardía, pues vive ocultándose detrás de ponchos y polleras
de crédulos y desorientados conmilitones.
Y hoy, del polvo y cenizas cual ave fénix,
cínicamente quiere resurgir, descaradamente quiere volver a gobernar y nos viene
contando un nuevo cuento, que su gobierno fue el más democrático, el más
respetuoso de la institucionalidad, el más ferviente defensor de la
independencia de poderes, el mayor promotor de la meritocracia en las entidades
públicas, en fin, todo, pero todo al revés de lo que verdaderamente sucedió y
de cómo gobernó en sus largos catorce años. Le bastaron tres años para
destrozar, demoler todo lo que se había construido, avanzado principalmente en
desarrollo humano, la nueva constitución fue el último clavo en el ataúd donde
se enterraron la moral, la educación, el respeto, la justicia y la ética.
Hay certeza, cuando se infiere que lo secundan, lo acompañan, sólo aquellos que con él han gozado de las mieles del poder, los que le deben favores y los cándidos que aún creen en su palabra, porque la mayoría sabe, se ha dado cuenta que son cantos de sirena desentonada, desorejada. Hace veinte años muchos cometieron un error, hoy no deben siquiera pensar en volverlo a cometer.
La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos,
sino el hecho de negarse a adquirirlos”
Karl Raimund Popper (1902 - 1994)
filósofo, politólogo y profesor austriaco.







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