“Si guardo silencio sobre un secreto, será mi prisionero … si lo dejo escapar, seré su prisionero”.
Arthur Schopenhaue.
Cierto día del verano austral de mil novecientos
ochenta y nueve, cuando languidecía la tarde y el clima abrazaba suave,
delicadamente a los transeúntes, en una pequeña pero vistosa plazuela citadina
Etelvino y Frontonia cruzaron sus caminos, eran amigos de infancia, luego de los
acostumbrados, convencionales saludos, elogios, halagos mutuos, recíprocos se
pusieron a hablar, dialogar, porque no a chismorrear de todo y de nada, como
quien no sabe de qué más hablar Etelvino le comenta que el otro día “vio de paso“
a Sofronio y Rudesinda, también amigos de infancia y nuevamente entrecruzan
deseos de bienestar, se alejan retomando sus caminos.
Frontonia gratamente recuerda que Sofronio está
casado con una rusa de difícil nombre y Rudesinda con un tarijeño, sumamente
alegre y que ambos formaron lindos hogares, el esposo de Rudesinda fue
gratamente acogido en el grupo de amigos. Pasaría un día del encuentro con
Etelvino, que Frontonia se dirige a un Mall del centro, donde se encuentra con
Blacina y concluyendo el ritual que dicta la amistad, entre otros cotorreos le
dice te acuerdas de Sofronio y Rudesinda, ”Etelvino los vio tomando un café”.
Blacina, retorna a su casa y ya en la noche presta a
dormir, le comenta a Edistio, su marido, que Etelvino vio a Sofronio y
Rudesinda, ”muy ensimismados tomando unas cervezas”. Al día siguiente, Edistio
muy partidario de cotorrear, chismear, en su trabajo le cuenta a Ermisinda, “hasta ahora no puedo creer, Etelvino vio a nuestros
amigos Sofronio y Rudesinda, bebidos y tomados de la mano en un local del centro”.
Ermisinda, conocida por chismorrear, a los dos o
tres días se encuentra con su hermana Atanasia y entre otras cosas le dice, “no sabes, el
otro día vieron a Sofronio y Rudesinda, en un taxi, seguramente se dirigían
a un Motel”, aunque luego se puso a pensar que Atanasia no sabía ni
quienes eran Sofronio y Rudesinda, pero bueno.
Si bien Atanasia no conocía a Sofronio y Rudesinda,
pero como su debilidad era el chisme y este era nuevo y muy caliente para
olvidarlo. Al día siguiente, se encontró con su novio Pascacio, quien pertenecía
al grupo de amigos de su hermana Ermisinda y le comentó el “otro día vieron
a tus amigos Sofronio y Rudesinda entrando descaradamente a un Motel”.
Pascacio que solía compartir con Lindauro Auxibio,
esposo de Rudesinda, se quedó perplejo, desconcertado, abrumado por tremenda,
descomunal noticia y empezó a compadecer, a sentir lastima por Lindauro y se preguntó
que siempre habrá hecho mi querido amigo para que lo engañen y para colmo con
un amigo de nuestro grupo, me cuesta creer, pero en fin ….
Transcurrirían una o dos semanas desde que se enteró
de la traición de Rudesinda, que se encontró con Autimio, otro entrañable amigo
y muy cercano a Lindauro Auxibio, a quien después de una charla informal, le
comentó que tenía una pena muy grande y no decidía que hacer, extrañado Autimio
le exige ser más claro, ante tamaña presión Pascacio suelto de palabra le pone
al tanto, me he enterado que vieron a Sofronio y Rudesinda “saliendo desvergonzadamente
de un Motel de la zona Sur un sábado por la tarde”, Autimio que recién
volvió de USA solo atinó a decir Wow, Oh my God y todo desconcertado se retiró
sin dar el consejo pedido por Pascacio.
Ya en su carro, vinieron a su mente gratos recuerdos
de la última vez que compartió con su amigo Lindauro, fue en su despedida antes
de partir al norte, a él le acompañaba su esposa Ulrica, a Sofronio su esposa
la rusa Svetlanya Vladevyana, a Rudesinda su esposo Lindauro Auxibio, quien
diría, se cuestionó, que Sofronio y Rudesinda tenían una historia secreta y
nosotros sin saber.
Pasaron varios días desde que se enteró, sentía que
le ardía el pecho de no saber que hacer, hasta que tomó valor y dijo para sus
adentros, hoy que me veré con los muchachos le contaré a Lindauro. Antes de su
viaje solían reunirse periódicamente para jugar racquet los sábados por la
mañana y muchas veces concluían en un restaurante. Ese día, puntualmente fueron
llegando Pascacio, Etelvino, Edistio, Lindauro y Anacleto este último su colega
de trabajo.
Lindauro notó y sintió que mientras jugaban Pascacio
y Autimio le veían extrañamente, había cierta conmiseración, compasión en sus
miradas, ya en el restaurante, luego que Anacleto se retirará y quedarán sólo
los amigos, los confrontó, que sucede con ustedes, me miran como si me tuvieran
lástima.
Ambos se miraron y Autimio con voz entrecortada,
casi inaudible soltó la bomba, Lindauro con una mirada extraviada, perdida,
solo atinó a decir, eso no creo de mi esposa, Pascacio se acordó y encaró a
Etelvino, habla si fuiste tú quien los vio, no recuerdo si entrando o saliendo
de un Motel.
Los colores del arco iris pasaron por la faz de
Etelvino, quien por la sorpresa expulsó el sorbo que estaba bebiendo. Que …. Yo…..,
nunca, jamás exclamó. En ese instante, de la perplejidad el rostro de Lindauro
pasó a la furia, indignación, rabia y pidió una clara, concreta y muy sincera explicación
a Etelvino.
Etelvino pidió calma y comenzó a explicar, a ver, como dije hace un rato yo nunca, jamás vi a Sofronio y Rudesinda juntos, menos entrando o saliendo de un Motel. Si recuerdo que un día hace unas tres o cuatro semanas vi primero a Rudesinda y al poco rato a Sofronio, a los dos o tres días me encontré con Frontonia, a quien le comenté haberlos visto de paso, pero no juntos.
Fueron momentos turbulentos, difíciles, caóticos, la
conmoción, el griterío, la perturbación se percibían, se sentían en el aire, no
faltaron comensales que volteaban a verlos sumamente extrañados. Nuevamente,
Etelvino intervino y con voz firme y sumamente serena recalcó y ratificó su
versión, sus amigos con los ánimos apaciguados, más tranquilos, principalmente
Lindauro, comenzaron a desenredar, desentrañar, desenmarañar hasta concluir,
inferir que toda esta historia obedecía a que los cuentos, los rumores, los
chismes vienen
con IVA. Pidieron disculpas a Lindauro y Etelvino y continuaron su
reunión, probablemente a Lindauro le haya quedado cierta duda, pero confiaba en
su esposa y eso evito que tenga otra actitud, otro enfoque, que asuma otro
comportamiento.
Esta historia ficcional situada en mil novecientos
ochenta y nueve, hoy en día con el desarrollo de la tecnología comunicacional,
en un día, quizá horas, hubiera dado varias vueltas al globo terráqueo y el IVA
hubiera incluido fotos, videos, memes, placas de vehículos, de taxis,
direcciones de bares, restaurantes, moteles, etc., que tiempos aquellos, que la
comunicación y todo era más lento.
En términos económicos, el Valor Agregado es el
valor económico adicional que adquieren los bienes y servicios al ser transformados
durante el proceso productivo. En cuentos, chismes, el Valor Agregado es el añadido
malicioso, el aporte malintencionado de los chismosos a la
historia, al cuento, quienes muchas veces no se dan cuenta, no toman conciencia
que sus agregados,
sus adiciones
pueden destruir amistades, separar matrimonios, deshacer sociedades, romper
relaciones, dividir agrupaciones políticas, enemistar familias, ocasionar
despidos laborales, hacer fracasar emprendimientos, causar depresión, afectar
la autoestima, etc., en fin.
“Lo que se cuenta al oído de un hombre a menudo se escucha
a 100 millas de distancia”
Proverbio chino
José Camargo
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