El Jardín de los Robles

EL NIÑO Y EL JARDIN DE LOS ROBLES

(Cuento para no Contar) 

José Camargo

07 de octubre de 2004

Don Eustaquio Pinoverde, era el Alcalde de Pinolandia, ciudad pequeña, limpia y llena hermosos y exuberantes árboles de pino, era un hombre de sesenta años, bajito y más gruñón que león enjaulado, los pobladores le llamaban Pinoseco; pues, no tenía ni hijos ni esposa.


 Juanito Roblenoble, era un niño de Roblelandia, que al quedar huérfano se fue a vivir con sus tíos Eusebio y Romualda Pïnoblanco, Juanito a su edad, sentía que era diferente a los pobladores de Pinolandia, pero al tener un corazón noble y juguetón luego del colegio se dedicaba a jugar con sus amiguitos Albertito Pinoflaco y Carlitos Pinogordo que eran los más traviesos de la ciudad.

Un día Juanito decidió plantar en el jardín de sus tíos un árbol de roble, alarma, gritos y espanto se produjeron en el pueblo; pues, nunca nadie se atrevió a plantar otro árbol que no sea un pino. El alcalde gruñón Pinoseco fue a ver a los tíos de Juanito y les amenazó con expulsar del pueblo al pilluelo, por tamaña osadía. Los tíos clamaron pidiendo justicia, pero en Pinolandia la justicia sólo era para los pinos y no para los robles.

 


Juanito pedía a sus tíos y al Alcalde, respeto y consideración por su decisión de plantar un roble, pues él, aunque vivía en Pinolandia era de Roblelandia y dijo tener la suficiente responsabilidad para cuidar de su roble. Lamentablemente, no le escucharon ni entendieron y desde ese día la gente del pueblo aisló a Juanito, nadie le hablaba, en el colegio se sentaba solo y en los recreos nadie se acercaba a jugar con él. Cuando pasaban por su casa y veían crecer al roble, la gente se persignaba y gritaba ¡arranquen de raíz ese árbol, nos traerá mala suerte!

 Juanito no podía entender la incomprensión e intolerancia de los habitantes de Pinolandia, incluso sus tíos le relegaron, en tanto, él con responsabilidad y entusiasmo regaba y cuidaba a su Roble, pues era el único amigo y la única posesión que tenía.

 


Pasaron las lluvias y llegaba el invierno, el roble cada vez más grande y hermoso, y en el pueblo; así también, se acrecentaba el desprecio a Juanito, un día al volver del colegio, Albertito Pinoflaco travieso como él, se trepó al roble de Juanito y al estar en la copa sintió miedo y no podía bajar, nadie en el pueblo se atrevía a subir al roble, pues era un árbol desconocido y que supuestamente traía mala suerte. Al ver la desesperación de la madre de Albertito, Juanito, ni corto ni perezoso se trepó al roble con habilidad admirable, solo su audacia y nobleza de corazón permitieron que salvara a Albertito.

 

La solidaridad de Juanito, caló hondo en el corazón de la madre de Albertito y desde ese día además de aceptar a Juanito, se propuso cambiar al pueblo. Fueron Albertito Pinoflaco y Carlitos Pinogordo, quienes con la sabiduría de los niños lograron que el pueblo y el Alcalde gruñón recibieran a Juanito, aceptando y comprendiendo que él era diferente pero antes que nada era un niño que merecía cariño y protección.

 


Ahora, Juanito tiene un jardín lleno de robles y vive feliz en Pinolandía y su casa es conocida como el jardín de los robles.

 FIN

 

Moraleja:    Se deben respetar las diferencias que tenemos, no solo por solidaridad, sino por justicia, pues no es responsabilidad de uno ser diferente”.


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