01: La Numeración Domiciliaria de La Paz

 CLINICA BY – AY - PI

El Dr. Apolonio Diosdelio Drechsler Taricuarima, Director Médico de la afamada y exclusiva Clínica “Bi-Ay-Pi” informó a la prensa que tuvieron que internar de emergencia al Sr. Giulio Espaminondo Sayritupac Pozzuoli, debido a que mostraba evidentes signos y síntomas de Trastorno Mental Transitorio manifestado en una percepción distorsionada de la realidad, pérdida de autocontrol, alucinaciones y comportamiento absurdo y errático, que de rato en rato balbuceaba, gritaba números y nombres. Para tranquilizarlo, complementó el médico, se le tuvo que administrar elevadas dosis de Aripiprazol, Olanzapina, Quetiapina, Risperidona, Ziprasidona, porque su cuadro era extremadamente crítico, probablemente en unas dos semanas será dado de alta, previo análisis y evaluación psiquiátrica.



GIULIO ESPAMINONDO SAYRITUPAC POZZUOLI

Giulio Espaminondo, de ascendencia ítalo – amazónica oriundo de Chipiriri, Cochabamba era un prestigioso y conocido abogado en tierras australes de Ucrania, que al iniciarse la invasión rusa prefirió retornar a Bolivia, a donde volvería luego de cuatro y medio o cinco décadas que había decidido salir para ir a estudiar Derecho Internacional en la Universidad Nacional de Odesa. Al concluir sus estudios, como se sentía cómodo y acogido no pensó en regresar; al contrario, formó una familia y fijó su residencia en Odesa, para ese entonces Ucrania aún formaba parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, luego de la disolución de la URSS prefirió continuar su vida en Yuzhne una pequeña ciudad del suroeste de Ucrania, hasta que a fines de febrero del año 2022 Rusia invadió Ucrania y Giulio comenzó la operación retorno.

 


LA RESIDENCIA FAMILIAR

El abogado Sayritupac Pozzuoli y su familia, acostumbrados a los fríos boreales prefirieron radicar en la ciudad de La Paz, específicamente en la zona Sur cuyo verano, decían ellos, se asemejaba al de Yuzhne, se alojaron en un hotel de dicha zona para facilitar la búsqueda de la residencia familiar, el español de su esposa y sus dos hijos no era muy bueno, por lo que, mientras su familia pasaría clases de español, él se encargaría de la búsqueda, tenaz y obstinadamente no aceptó la recomendación de contratar una empresa de bienes raíces.

Para iniciar su cruzada, en horas matinales tempranas procuró las separatas de casas en venta de dos prestigiosos periódicos paceños, seleccionó cuatro casas, dos casas situadas en el exclusivo barrio Arboleda Sureña, una ubicada en Las Flores del Sur y la que más llamaba su atención quedaba en la calle Pajarito Blanquiazul casi esquina Pajarito Pico Rojo Número 995 del Barrio Pajaritos del Sur.

 

CALLE PAJARITO BLANQUIAZUL NÚMERO 995

Un minibús de seis asientos, tremendamente incómodo, risiblemente pequeño y visiblemente sucio llevó a Giulio a su destino, el chofer no pudo darle la razón de la calle Pajarito Blanquiazul, pero le recomendó que se quedara en la calle Pajarito Cabeza Blanca y preguntando, preguntando comenzara la búsqueda, el barrio repetía, replicaba la topografía de casi todos los barrios paceños, un pequeño valle enclavado, encerrado, aprisionado por cerros y montañas, se fue moviendo de este a oeste, de norte a sur hasta que logró ubicar la calle de su propósito, al iniciar la calle se intersectaba con la calle Pajarito Pecho Amarillo, le extrañó que la primera casa llevara el número 91 y la casa que le seguía poseía el número 43, al frente quedaban la casa 196 y a su lado la 33, confiaba que al avanzar por la calle, no sólo se ordenaran los números domiciliares, sino que iba a encontrar rápidamente la casa signada con el número 995. Antes de terminar la primera cuadra, ya mostraba signos de desconcierto, pues la última casa era la número 3 y al frente la 1285.

La siguiente cuadra se iniciaba con el número 44 “A”, al frente un edificio con el número 239 “B”, cruzando un pequeño callejón la numeración se dislocaba, pues a la casa 44 “A”, le seguía un terreno baldío con numeración 899, al frente se ubicaba la casa número 6, confundido buscaba y rebuscaba a que lógica obedecía la numeración, solo se le ocurría caos, desorden o capricho de los dueños para numerar sus predios, consultando con vecinos se enteró que la calle de su interés tenía más de treinta cuadras, pero era discontinuada en varios lugares por quebradas, terrenos o edificaciones que se negaron a ceder área para la calle.


UN DIA SOLEADO Y LLUVIOSO

Molesto, cansado, frustrado se veía Giulio después de dos horas de búsqueda, pero no quería rendirse, pues no era hombre de ceder y no le sonaba bien volver con su familia y decirles que no había podido encontrar la casa 995 de la Calle Pajarito Blanquiazul.

Contrastando con su humor, el cielo no exponía una sola nube, el Sol estaba en el cenit y quemaba, su paciencia empezaba a ceder, para esa hora estimaba haber avanzado unas quince cuadras y la numeración avanzaba y retrocedía, se incrementaba y decrementaba aleatoriamente, caprichosamente, sin ton ni son.

En una pequeña tienda de barrio, se sirvió un refresco de cola y preguntó a la casera si la calle Pajarito Pico Rojo estaba cerca o si podía darle razón sobre la ubicación de la casa 995, no consiguió respuesta positiva a ninguna de sus inquietudes. Sin descorazonarse reemprendió su búsqueda.

No habría avanzado más de dos cuadras, cuando en cuestión de minutos negros nubarrones oscurecieron la tarde soleada, anunciando que se vendría una copiosa, tormentosa y prolongada lluvia, sin encontrar donde guarecerse quedó completamente empapado en los escasos minutos que duró la lluvia, pues más fue el ruido que las nueces, un viento cordillerano se encargó de alejar definitivamente la promesa de lluvia. Después del chapuzón renació el Sol y una brisa coadyuvó a que la ropa de Giulio secara y pueda continuar en su cruzada.

 


EL COLAPSO DE GIULIO

Ya con la ropa y el cabello completamente secos, creyó ver la luz al final del túnel cuando al terminar la vigésima cuadra encontró una casa numerada con el 994 y al frente el número 993, no le extrañó que la calle estuviera cortada por una quebrada que cruzó pronta y presurosamente seguro de encontrar rápidamente la casa que buscaba, cerró y abrió insistentemente los ojos al enterarse que la calle se trifurcaba, el ramal central se llamaba Pajarito Blanquiazul “B”, unas dos casas a la derecha se iniciaba el otro ramal, una angosta callejuela se denominaba Pajarito Blanquiazul “C”, volvió sobre sus pasos y encontró el tercer ramal, un callejón Pajarito Blanquiazul “A”, sorprendido y dubitativo se cuestionaba que rumbo tomar, optó por la “B” y siguió su camino, a medida que avanzaba la numeración continuaba siendo desordenada y caótica.

Luego de dos cuadras la calle volvió a ser de un solo ramal, pero la numeración continuaba sin obedecer ninguna regla de orden uniformemente creciente o decreciente, desolado veía una casa que llevaba el número 1000, a su derecha una bonita casa numerada 88, a la izquierda de la casa un edificio de viviendas tenía el número 541, en la acera del frente la numeración empeoraba, pues una gran mayoría no estaba numerada. Cerca de la desesperación, del desanimo y desesperanza, recordó con mucha nostalgia cuan ordenada, estructurada y planificada era la ciudad de Yuzhne, cuya numeración domiciliaria obedecía a un patrón uniforme y ordenadamente creciente, a escasos días de haber dejado esa ciudad ya la extrañaba. Para colmo de males, en esta zona de la ciudad de La Paz, las aplicaciones o herramientas de búsqueda geolocalizadoras, mostraban un recuadro “Information not available”.


No sabia si llorar, gritar o insultar ante la cercana visión del fracaso, para tratar de calmar el nerviosismo que le consumía y la impotencia que le invadía, avanzó sin prisa, pero sin pausa hacia la siguiente cuadra, instante en el que de la nada apareció un vecino, sensatamente atinó a hacerle la consabida pregunta sobre el número 995 de la calle Pajarito Blanquiazul, el vecino más extrañado que asombrado lo miró de pies a cabeza y le respondió lenta, pero firmemente, Giulio no podía creer lo que escuchaba, repentinamente enmudeció, todo comenzó a darle vueltas y la visión comenzó a fallarle, su corazón latía fuertemente y su respiración era más que agitada y entrecortada, el dolor en el pecho recrudeció, sus manos y pies le temblaban y solo sintió y vio que el suelo se aproximaba a su cara, de pronto todo oscureció y se hizo la noche.

El vecino resultó ser un buen samaritano que, al ser testigo del episodio mental de Giulio lo auxilió y trasladó a la posta sanitaria del Barrio, donde luego de darle primeros auxilios, le recomendaron que lo trasladara a una Clínica especializada, porque el cuadro clínico que presentaba era crítico, arribando a la Clínica narró al médico de turno con lujo de detalles que antes de tener el episodio el paciente presuroso y nervioso iba de norte a sur de este a oeste por calles, callejuelas, callejones, pasadizos, quebradas buscando y preguntando al que se cruzaba en su camino, donde quedaba una casa cuya dirección tenía anotada en un papel, al poco rato lo encontró sentado en el pretil de una acera totalmente desconcertado, confundido y desconsolado.

No habrían pasado ni quince minutos cuando lo volvió a ver y este le preguntó sobre la casa que buscaba, ante la respuesta se descontroló y se lo veía totalmente ido, se puso a reír a carcajadas, gritando obscenidades en un idioma que, el vecino desconocía y un temblor inundó su cuerpo y las fuerzas lo abandonaron hasta que se desvaneció.

 


REGRESANDO A CASA

La familia de Giulio sumamente consternada y preocupada siguió muy cerca su recuperación, las dos semanas se hicieron interminables, los segundos eran horas, las horas días, hasta que el Dr. Diosdelio Drechsler firmó el alta ansiosamente esperada, luego de exhaustivos y sendos exámenes psiquiátricos, recomendó a la familia evitar situaciones de estrés porque el episodio podría repetirse y ser mucho más severo.

Ya en el hotel que los albergaba temporalmente, Giulio que se mostraba tranquilo sólo atinó a pronunciar cuatro palabras que, a su familia no sólo les entusiasmo, sino que los alegró sobremanera: Volvemos a Casa Inmediatamente.

 


-      Fin -

 

¿Moraleja?

En la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, ni se te ocurra, no intentes buscar sin un Guía una calle, una dirección. No la encontrarás, te perderás, desesperarás y enloquecerás.

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