Termino la Temporada del Algarrobo

 

Los nuevos comienzos a menudo se disfrazan de finales dolorosos.

Lao-Tse

 

Diecinueve años, nueve meses, trece días; siete mil doscientos veintiséis días, mejor redondear a veinte años, dos décadas, que es el tiempo transcurrido, los días que han pasado, los meses que duró la temporada del Algarrobo. ¿Algarrobo? bueno no nos referiremos ni queremos ofender al árbol espinoso, erguido que alcanza de 8 a 15 m de porte, de ramas extendidas, copa amplia y redondeada, usaremos el término porque suena más delicado, más sutil que decir por fin acabó la época, la temporada del “Algo Robo”, sin tapujos ni maquillajes fue el principio esencial y fundamental que rigió el llamado proceso de cambio.




Al inicio de la temporada del Algarrobo escuchábamos continuamente decir “Ahora nos toca y no nos iremos los próximos quinientos años”, no pensábamos que decían ahora nos toca Algo Robar, no hay país, por más rico y solvente que sea, que sus arcas soporten quinientos años de robo, de saqueo y desfalco continuo, indisimulado, el nuestro no soportó veinte años. De igual manera, los trece principios del Vivir Bien que predicaban, amplificaban a los cuatro vientos, se vieron convertidos en un solo principio Robar Bien.




Es verdad, siempre ha habido Algarrobos, pero en los pasados veinte años cual plaga de langostas, de hongos proliferaron, se esparcieron, se multiplicaron los Algarrobos por todo el aparato estatal, principalmente en el estamento central, ministerios, entidades, instituciones y empresas públicas, por ello, erradicar los Algarrobos será una tarea difícil, titánica pues, en su mayoría están enquistados en mandos medios, otros fungen como personal técnico y muchos son personal de apoyo, probablemente no se llegue a exterminar, a erradicar en su totalidad, ojalá al menos se minimice el accionar de los Algarrobos, aunque parásitos, vividores, alimañas que vivieron asaltando, atracando al Estado los últimos veinte años se dedican a alentar económicamente que ovejunos genuflexos marchen y reclamen, con el propósito de evitar la erradicación y reforestar de Algarrobos el aparato estatal.




No trataremos de citar, describir casos específicos de robo, saqueo, asalto a las arcas públicas, no, no queremos convertir este artículo en un concurso, en un tratado o ensayo numérico de cuantas monedas se han embolsillado, cuantos billetes se han apropiado, sino darle un carácter reflexivo, cualitativo, moral, de principios. En muchos casos, los Algarrobos no contentos con robarse el florero y las flores, se tomaron el agua del florero.




Pero, más allá de la ironía, ha sido una temporada que no se limitó al saqueo de fondos estatales, al atraco de las arcas públicas, se robaron sueños, así como, la esperanza que indígenas, originarios y campesinos depositaron en ellos, sólo los usaron en panfletos, en propaganda, en portadas; así como, a nuestra tierra, la usaron y abusaron, haciendo creer que la defendían, cuando la ultrajaban, la mancillaban, la vejaban, la rifaban, la quemaban, sólo les servía de pancarta, de cartel, de propaganda, no la querían, nunca la han querido.




Ultrajaron nuestra Constitución, nuestras leyes y normas, porque las violaban cuando querían, las pasaban y repasaban, le metían nomás, cundió, se generalizó el desacato, el irrespeto por lo formal, por el debido proceso, por lo institucional, sólo la aplicaban implacable, veloz y rígidamente con el que pensaba diferente y benévola, lenta, hasta ciega con los conmilitones.




Nos creyeron deficientes mentales, zopencos iletrados, bobos de pacotilla que nos engullíamos todo lo que nos decían y mostraban, fueron inmortalmente soberbios, infinitamente ególatras, desmedidamente megalómanos, extremadamente irascibles, no contenían su ira y enojo al no ser idolatrados, venerados cuando derramaban sus dádivas.




Nuestra amada República, fue convertida en una trasnochada plurinacionalidad, nuestros símbolos patrios, sañudamente fueron secundarizados y pretendieron eliminarlos y suplirlos por distintivos sectarios, la anhelada inclusión profundizó la exclusión, alentando y exacerbando el racismo y el odio entre bolivianos.




La meritocracia fue desterrada, expulsada del aparato público, una recomendación, un aval gremial, sindical, familiar o político tenía mucho, muchísimo más valor, más peso que un título universitario, la experiencia era un tema sin importancia, acomodaron a todos los conmilitones que pudieron sin tomar en cuenta si las arcas públicas podían sostener el pago de su aprendizaje, de su inexperiencia. Instituciones jerárquicas y verticales, vieron a sus mandos politizados, ideologizados, obsecuentes, genuflexos con el poder político.




La ideología, se volvió un tema fundamental de Estado, primó, rigió en las relaciones internacionales, comerciales, se perdieron mercados, se rompieron, se friccionaron Acuerdos, Tratados; así como, se quebrantaron, enfriaron, suspendieron relaciones con muchos países. La subyugación, la sumisión, el sometimiento ideológico aisló a nuestro país y lo circunscribió en un círculo vicioso de países que falsamente, engañosamente se otorgan el patrimonio de las ideas de justicia, solidaridad y progreso, hábiles, diestros en el relato, se hicieron dueños y señores del paraíso, con una brutal e indisimulada capacidad durante veinte años trataron de imponer un pensamiento único que expulsaba, estigmatizaba, neutralizaba cualquier disidencia, oposición, demonizaron a quienes no compartían, no se sometían, pero exaltaban, glorificaban a quienes se adherían, a quienes se subyugaban, no importando si en el pasado hicieron atrocidades.




Pero, la mayor decepción que tenemos los bolivianos, es haber depositado hace veinte años nuestra confianza y esperanza en quienes no supieron, no saben, ni sabrán, ni les interesaba representar ni dirigir a los bolivianos, gobernaron dominados y sometidos por una ideología anquilosada, engañosa, falsa sólo tenían intereses sectarios, sindicales y partidarios. Todos esperamos que la Finalización de la Temporada del Algarrobo conlleve la conclusión de todo aquello que destrozó, desestructuró, caotizó y llevó a la quiebra a nuestro País.


 


De alguna manera, debemos decir “Ya es suficiente”.

Las luchas solo avanzan cuando hombres y mujeres dicen: “Ya basta”

De la RRSS

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