Si
no logras desarrollar toda tu inteligencia, siempre te queda la opción de
hacerte político.
Gilbert
Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.
Se descarta, se omite de este chenco
presidencialista a los supuestos presidenciables de las alas, corrientes,
facciones del Movimiento al Socialismo, pues sean cuales fueren los que
participen, son y serán un sólo y único bloque, aunque quieran mostrarse
distantes, antagónicos, diferentes, cuando en realidad son la misma
&%$$%&, casi se da por descontado que llegado el momento se unificarán,
porque son un movimiento corporativo que, por encima de todo y a cualquier
costo quiere conservar el poder; sin embargo, hábilmente siguen haciendo creer
que aún prima el vetusto eslogan antimperialista, el desvencijado lema
anticapitalista, la ultrajada consigna anticolonialista, la fantasiosa
revolución democrática y cultural, etc., cuando sólo son cantos de sirena suficientemente
pegajosos para encandilar, deslumbrar, encantar a esa masa amorfa de ingenuos,
inocentes y cándidos votantes.
En cambio, los otros, los opositores no, no siempre,
qué triste es ver, constatar que veinte años no son nada, que no sirvieron de
nada, que pasaron en vano, los líderes políticos llamados tradicionales, a
pesar de las canas y arrugas que portan no aprendieron, no cambiaron siguen
siendo dramáticamente obtusos, tercamente ensimismados, tenazmente ególatras,
ingenuamente crédulos, algunos consideran que renovarse, reinventarse es simple
y llanamente cambiar el nombre o los colores de su agrupación, de su movimiento
o tener redes sociales, pero mantienen tozudamente firme, imperturbable su
obsoleto discurso, sus viejas rencillas, sus ancestrales enconos, su forma
anquilosada, cavernaria de hacer política no ha variado, por intereses propios
o de grupo. Es deplorable que no formen ni permitan que se formen, que surjan,
que emerjan nuevos lideres, obstruyen, bloquean el camino de las nuevas
generaciones de políticos, para ellos todo sigue igualito, pero en diferente
época, muestran un aberrante estancamiento político, una desquiciante parálisis
ideológica.
Siguen siendo chichicientos y cada uno se rasga las
vestiduras hablando de unidad y sólo unidad, pero quieren ser el eje, el
epicentro de esa unidad, que todo gire alrededor suyo, a su manera cada uno
sigue ofreciendo frotar la Lámpara de Aladino como solución, haciendo creer que
mágicamente, por arte de magia ésta resolverá nuestros problemas, la vanidad,
la arrogancia y el egocentrismo les impide ver más allá, en cada elección creen
que esta vez sí triunfarán, que esta vez les creeremos, que esta vez ganarán al
fraude, consideran que su sola presencia, bastará para capitalizar a su favor
la inocultable, inobjetable animadversión que tiene la población con el partido
gobernante. A algunos cándidos les basta que cuatro o cinco allegados, acólitos
les calienten las orejas, para creerse presidenciables, algunos llegan a creer
que tienen el mandato divino, todo para regocijo, júbilo y placer de los que
nos gobiernan desde hace veinte años.
Si un político pierde una o dos justas electorales,
probablemente realizando una verdadera reingeniería, una correcta
reestructuración política le pueda coadyuvar a mejorar sus falencias, a
potenciar sus virtudes, a afinar su discurso, su programa, la llegada a la
población, pero perder e insistir en presentarse tres, cuatro, cinco veces, más
allá que pierdan con fraude raya en la locura, en la lectura incorrecta de la
realidad política, económica, social, hacer siempre lo mismo y esperar un
resultado diferente es propio de quienes padecen insania mental, lo moral y
éticamente correcto es reconocer que, su tiempo ha pasado y lo mejor es dar un
paso al costado y dirigir, formar nuevos lideres. Pero, eso no sucede, los
chichicientos presidenciables con el cuchillo entre los dientes están más
preocupados en sacarse la entretela, la mugre entre ellos, insultándose,
dispuestos a romperse la madre y eso decepciona, frustra a todos, porque ven
que nada ha cambiado.
Está claro que, mientras los llamados a liderar cambios en nuestra amada Bolivia sigan con su inútil ch’ampa guerra, los que nos gobiernan desde hace cuatro lustros, lo seguirán haciendo sea con fulano, zutano, mengano o perengano y esa es la más que triste e incontrastable realidad.
Los
políticos son siempre lo mismo. Prometen construir un puente, aunque no haya
río.
Nikita
Jrushchov (1894-1971) Político ruso.






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