Desde cachorro fue terco, testarudo, obstinado y lo demostró fehacientemente cuando su médico de cabecera (léase veterinario) a mediados de agosto del año dos mil veintiuno nos informó que estaba muy delicado y que el desenlace final podría llegar en cualquier momento, para esa fecha Toby tenía quince años y tres meses, pero su carácter, sus ansias de vivir, su deseo de cuidarnos fueron más fuertes que su enfermedad, que sus dolencias y con el cuidado, el amor y la dedicación de Leandra Valeria y Daira Ismenia, sus comprometidas y dedicadas dueñas se sobrepuso y fue recuperando su salud, si bien vivía medicado y siempre vigilado, pudimos disfrutar dos años más del cuidado, de las travesuras, de la compañía y del amor de Toby.
Querendón, vigilante celoso de sus pertenencias,
nosotros éramos, formábamos parte de sus pertenencias, además de las varias,
varias camas que llegó a tener; así como, platos y ropa, frazadas. Quienes nos visitaban
estaban cuasi obligados a saludarle primero a él, porque de no hacerlo sus
insistentes, persistentes reclamos y quejas eran expresados en ruidosos, agudos
y ansiosos ladridos. Particular cariño recibía y les brindaba a Fabrizio y
Pablo Emanuel, quienes con mucha paciencia y excesiva ternura atendían sus
reclamos, sus quejas a ellos los llevaba en el corazón y no disimulaba, no
ocultaba su alegría y alborozo cuando los veía entrar a sus dominios.
Enemigo acérrimo del agua, no dubitaba, no vacilaba
en expresar su enfado, su molestia cuando le tocaba ser bañado, ese enojo se
exacerbaba si era obligado a soportar la secadora para quitar rastros de agua
de su cuerpo, con la secadora se enfrascaba en francas y arduas peleas, era de
las pocas veces que mostraba sus dientes. Acicalado, era un pedazo de algodón
perfumado y todo sonriente agradecía a sus dueñas por el cuidado y atención que
le prestaban.
En diecisiete años fue visitando por distintos
problemas a su médico de cabecera, el personal de la Veterinaria, rápidamente
lo reconocía por la franca y permanente sonrisa que siempre le acompañaba, se
ponían a sonreír cuando veían y sentían como expresaba su enojo, su enfado al
ser revisado o medicado, sus diagnósticos y atenciones siempre tuvieron el
éxito esperado, excepto aquellas dolencias que empezó a tener, que empezaron a
aparecer por su avanzada edad.
Era dueño de un perfecto reloj biológico que día a
día se activaba puntual y rutinariamente a las doce del mediodía y siete de la noche
para reclamar, exigir se le sirva su plato de comida, no paraba de ladrar hasta
ser debidamente atendido, por su voraz apetito no dejaba huellas ni rastros de
comida, por si se le hubiese pasado o escapado un trozo, un pedazo revisaba,
repasaba cada hueco, cada rincón de su plato. Así mismo, no tardaba mucho en exigir
salir para cumplir su ritual, cuando ladraba fuera de horario, se debía a que
quería salir, alertaba que le urgía salir, si no se le entendía o no se le
hacía caso, no le quedaba más que dejar rastros de su molestia en sus dominios
y sabiendo que obró mal, se iba a su cama y se ponía a mirar la pared todo
compungido, ofendido o molesto por no haber sido atendido. Era sumamente
expresivo, quizá por eso no necesitó hablar para hacernos entender lo que
quería.
Fue un trece de mayo del dos mil seis cuando Toby
nos eligió, nos adoptó, Leandra Valeria y Daira Ismenia aún niñas se enamoraron
de ese pequeño, diminuto rapaz que terminó adueñándose, apropiándose de sus
corazones. Diecisiete años y diez días vivió con nosotros, cuidó de nosotros, fue
feliz y nos hizo gozar de su felicidad. Sólo los últimos meses cuando sus
dolencias fueron recrudeciendo, agravándose lentamente fue perdiendo movilidad,
su corazón poco a poco se fue apagando, su fuego interno se fue consumiendo, pero
su voluntad de vivir, su deseo de cuidarnos quizá eran los únicos motivos que
le mantenían vivo, aún enfermo no perdía las ganas de comer, en su Veterinaria
expresaban admiración y sorpresa por esas ganas de vivir que tenía a pesar de
las dolencias que arrastraba y se le iban acumulando.
El Cielo ya lo había citado varias veces, Toby hacía
caso omiso, se negaba, se resistía a dejar a su familia, quien los cuidaría era
su preocupación, su angustia, íntimamente nosotros también nos resistíamos, a
veces esperábamos un milagro, una señal divina que le permita seguir un tiempo
más a nuestro lado, sólo al verlo tan cansado, casi inmóvil, con una mirada
casi perdida nos dábamos cuenta que el Cielo ya no podía esperar, porque le
había reservado un lugar de privilegio, donde sólo llegan los seres nobles y
Toby era un ser muy noble. Hoy extrañamos su sonrisa, su ansiedad, sus celos, sus
ladridos, su puntualidad para comer, sus ganas de vivir, pero lo que más
extrañamos es su compañía, su cariño, su fidelidad, el amor incondicional que
nos profesaba y que nosotros le profesábamos.
Descansa querido Toby, el Cielo ya no podía esperar,
también quería gozar de ti, descansa, hiciste mucho en tu paso por nuestras
vidas, estamos tristes muy tristes, pero felices de saber que estás
cuidándonos, protegiéndonos, como siempre lo hiciste, te queremos mucho querido
e inolvidable Tobyto.
José Camargo
23 de mayo de 2023








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