La Música que
Producía Fiebre
Candilejas, Yes, Hipopótamo, Michelangelo,
Casablanca, Bacará y muchos otros nombres de célebres, renombradas y clásicas discotecas
que se han ido difuminando, desvaneciendo en las atestadas, saturadas y
entremezcladas sendas, vericuetos y laberintos de los recuerdos, más que
discotecas eran templos de culto donde la música producía fiebre,
particularmente los viernes y sábados por la noche.
La dueña, la propietaria de esas noches era la generación
’80, sí somos de esa generación privilegiada que hoy pasamos de los sesenta
años, somos adultos contemporáneos que nos declaramos culpables de haber disfrutado,
gozado, de habernos deleitado sin remordimientos, sin arrepentimientos, sin
contrición de esos sin igual, excepcionales sones repetitivos, ritmos
sincopados sutilmente acompasados, notoriamente cadenciosos, altamente pegadizos,
cuya principal característica era causar fiebre en quienes la escuchaban o
bailaban y para bajar esa fiebre, no había mejor ibuprofeno o paracetamol que,
una tanda de lentas o baladas que se bailaban pegados, muy pegaditos.Años memorables, imborrables, evidentemente uno los
recuerda como años inolvidables, incomparables, porque nuestras mayores
preocupaciones, nuestros mayores problemas eran que pantalón y camisa lucir el
fin de semana en la Disco, descifrar ansiosamente el paso de baile que estaba
de moda, reunir matemáticamente los centavos necesarios para poder pagar el
consumo mínimo que se exigía para ingresar a uno de los templos de culto a la
música disco, había que tener suma destreza, máxima habilidad para hacer
aguantar toda la noche ese vaso de whisky o de ron con coca cola, si uno no
quería o no podía pagar por otras más, en ese entonces aún no habían inventado
el cover que, hoy por hoy, cobran sólo para ingresar a un Pub, ya adentro el
consumo es otra cosa.
A la hora de salir al encuentro con esa música, al
culto semanal, tenías que estar muy enamorado, muy “camote” para querer aislarte
y asistir sólo con tu pareja, porque si querías pasarla bomba, que la música y
la fiebre invadan, se apoderen por completo de tu cuerpo que los sones corran
por tus venas, lo ideal era ir en grupo, con amigos de barrio, de colegio o de
facultad, hasta la cuenta dolía menos, de cuatro a seis horas era la dosis
mínima recomendada por expertos para satisfacer tus ansias y deseos semanales.
Aahh! Los hacedores, los creadores, los intérpretes
de la música disco, es tan larga e interminable la lista de cantantes, solistas,
dúos, tríos, grupos, conjuntos y bandas, que sería imposible nombrar a todos, sin
pretender ofender, menos olvidar o pasar por alto a consumadas estrellas, grandes
exponentes, excepcionales ídolos, quedan en la memoria Earth, Wind & Fire,
Bee Gees, ABBA, Boney M, Village People, Donna Summer, Pointer Sisters, Michael
Jackson, K.C. & The Sunshine Band, Kool & The Gang, Barry White, Elton
John, etc. Como olvidar esas magistrales interpretaciones, esas esplendorosas canciones
que trascendieron años, décadas, pasaron de generación en generación, que hoy
son clásicos, son himnos que alcanzarán la inmortalidad Saturday Night Fever,
Staying Alive, Hotel California, September, Reasons, Fantasy, Macho Men, YMCA,
Celebration, Ladies Night, Don't Go Breaking My Heart, Please Don’t Go, Stomp,
Rock With You, Of The Wall, And The Beat Goes On, Mickey, Rapper’s Delight y
muchos miles de miles más.
No es pretencioso, presuntuoso ni arrogante pensar
que esta música aún se quedará buen tiempo, pues, cuando el último “ochentero” de
los cinco Continentes deje de escuchar, de tararear, de bailar esos compases cadenciosamente
rítmicos, porque le llegó la hora de subir al templo eterno, a la disco
celestial, nos sobrevivirá en nuestros hijos, nietos y quizá bisnietos, tal vez
muchos sólo la escucharán para recodarnos, para sentirnos.
La Paz, 01 de mayo de 2022
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