La empresa especializada en seguros automovilísticos Compare The Market, ha elaborado el ranking mundial de peores y mejores conductores del mundo. Sin sorpresa, el primer lugar de los peores conductores lo ocupa un país asiático Tailandia, igual sin mucha extrañeza es seguido por un país latinoamericano Perú y entre los diez peores figuran dos países sudamericanos y dos norteamericanos Argentina (6º), Estados Unidos (7º), Canadá (8º) y Brasil (10º). En la antípoda, en la lista de los diez mejores conductores del mundo encontramos, casi de forma natural y lógica que Japón ocupa el honroso, respetable y meritorio primer lugar; así como, ocho países de Europa y Singapur en el noveno.
¿Y
nosotros?, no es que seamos la joya de la familia, contrariamente siempre
elogiamos, hasta admiramos la educación vial de peatones y conductores de
países limítrofes y allende las fronteras, entonces porque no figuramos en la
deshonrosa lista de los peores conductores. Lamentablemente, no hemos sido
incluidos en el bochornoso top ten de los peores, porque no hemos formado parte
del Estudio de Compare The Market, prácticamente fuimos ignorados, ninguneados,
caso contrario, a ciencia cierta desplazaríamos a muchos países y con seguridad
estaríamos en el top ten y hasta en el podio disputándole al Perú su vergonzoso,
humillante segundo puesto.
Elaborando rankings propios, geográficamente
encontraríamos que en el podio de los peores figurarían conductores de Santa
Cruz de la Sierra, El Alto y Cochabamba, es tan escasa la diferencia que virtualmente
habría un empate técnico entre conductores de El Alto y Santa Cruz de la
Sierra. Por tipo de conductores, los más agresivos,
nuevamente se disputarían el primer lugar conductores de Santa Cruz de la
Sierra y El Alto. De los conductores irrespetuosos, El Alto sin lugar a dudas
alberga a la mayor cantidad, no sólo les importa un bledo cumplir, respetar las
normas y señales de control de tráfico, sino que son sumamente groseros, extremadamente
desconsiderados, descorteces y mucho, muy maleducados, los conductores de El
Alto recibirían similar calificación si se evaluaría la limpieza y el mantenimiento
del vehículo.
Por tipo de vehículo que conducen en el podio
encontraríamos que el detestable, bochornoso primer lugar lo ocuparían
conductores de radiotaxis, en el segundo los de minibuses y luego los conductores
de trufis, con escasa diferencia encontraríamos a los choferes de micros,
colectivos y de vehículos de instituciones públicas, principalmente de Ministerios
en La Paz. Es evidente que en cada segmento hay excepciones, pero estas son tan
raras, que su número llega a ser irrelevante.
El número de radiotaxis legales e ilegales ha
superado significativamente a los clásicos y comunes taxis, ese crecimiento
explosivo ha generado una competencia interna, por la que colman, saturan las
vías urbanas, sin pasajeros circulan a velocidades asombrosamente reducidas, son
sumamente lentos, prácticamente pasean la ciudad buscando, pescando clientes, cuando
están con pasajeros se vuelven motorizados desaprensivamente raudos, veloces que
agilizan su transitar para “deshacerse” del pasajero y comenzar una nueva
búsqueda, un nuevo ciclo, en ese recorrer incumplen normas, señales viales, invaden
carriles, zigzaguean, otro factor censurable, reprochable, descalificable de
los choferes de radiotaxis es la tarifa por viaje, sin regulación ni control alguno
cobran a su gusto y criterio, en fin, tienen por demás justificado ser medalla
de oro de los peores conductores.
En general, todo vehículo que transporta pasajeros,
exceptuando los de transporte municipal (Puma Katari en La paz) tiene similar
actitud, pasean la ciudad cuando están con pocos o sin pasajeros y agilizan,
aceleran su circulación si están llenos u otros vehículos compiten con ellos en
la pesca de pasajeros.
Los conductores de instituciones públicas, se hallarían
en el top cinco de los peores conductores porque consideran que, por el hecho
de transportar a una “autoridad” y con poner en el techo del motorizado un
sombrero centellante pueden exceder la velocidad de circulación, invadir
carril, romper, sobrepasar cualquier norma o señal de tránsito y que los otros
vehículos obligatoriamente deben darles paso. La norma clara y específicamente
estipula que el auto del presidente y las ambulancias son los únicos vehículos
que excepcionalmente tienen prioridad de circulación. Pero, los choferes de vehículos
que transportan funcionarios públicos, atizados, impulsados, acatando ordenes de
sus jefes ignoran estipulaciones normativas y emprenden su raudo transitar
demoliendo, quebrantando a su paso toda norma y señalización vial.
Si se evalúa la forma de conducir, prácticamente todo conductor de vehículo particular, privado, público, estatal, etc., ha quebrantado, desobedecido, incumplido normas y señales de control vial. En general, el conductor boliviano es desaprensivo, imprudente, temerario, intolerante e impaciente, notable cultor de la viveza criolla. Lamentablemente los programas o campañas de control de tránsito son esporádicas, ocasionales y únicamente suelen ejecutarse cuando se suscita, sucede o acontece un siniestro, un accidente de tránsito, pero al poco tiempo desaparecen y todo vuelve a la más absoluta, total informalidad.
La penalización de contravenciones o infracciones está sujeta a la
discrecionalidad, criterio y ambición del controlador y al poder económico o
político que posee el infractor. Conducir en estado de ebriedad sigue la misma
regla, será amplia y vehementemente justificada su embriaguez, exoneración, su exculpación
si tiene poder económico o político, por más que el infractor no se pueda ni
mantener de pie.










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