04: En Memoria de Marcos

 

En Memoria de Marcos, Dueño de una Simple Amistad

Con Marcos, nuestra amistad nació como lo hacen las cosas simples, sin pretensiones, sin intenciones, ni intereses, menos ambiciones, se fue construyendo poco a poco, nos limitábamos a pasar horas, que se convirtieron en días, semanas, meses y estos en años y más años, fue un recorrido por el despertar, por el descubrir sensaciones, alegrías, tristezas, emociones, cambios físicos y sentimentales, no sabíamos que estábamos consolidando la grandeza de esa palabra tan simple, amistad.

Marcos, Oscar y yo, no compartíamos colegio, éramos amigos de barrio, esa especie en extinción, amistad extraña y peculiar para las nuevas generaciones, nuestro patio grande era Alto Obrajes, nuestro jardín la calle Elodia B de Lijerón, ahí nos conocimos, ahí comenzamos a compartir nuestros sueños, nuestros juegos y dos grandes adicciones la música y el futbol, fui partícipe de la desaparición de los Titamascos, equipo infantil de futbol que, prontamente se convirtió en el juvenil Bama Juniors, en homenaje a nuestro querido barrio, cuyo nombre original era Barrio Magisterio, orgullosamente lucíamos los colores del afamado Boca Juniors.

Como no recordar a los ocho que comenzamos la travesía deportiva Marcos Crespo, Oscar Cuevas, Javier Loza, Fernando y Miguel Carvajal, Gastón Flor, Flavio Escobar y José Camargo, al tocar la adolescencia nuestros cuerpos, esa amistad varonil se remeció, se resquebrajó al hacer su aparición las chicas, poco a poco el equipo de futbol se convirtió en el club Bama, unión que también suena desconocida para la individualizada juventud actual, al convertirnos en clan, de los ocho pioneros, en un instante del tiempo llegamos a ser más de treinta. Tantos nombres, tantos recuerdos.


Marcos fue el artífice, el cimiento y el adhesivo que posibilitó al equipo ser laureado con muchos títulos y al club ser unido, famoso y reconocido en el Barrio, era el infatigable motivador, el incansable espónsor, el apasionado patrocinador, el meticuloso dirigente. En la medida que la Universidad nos consumía y nos aproximábamos a la profesionalización, el fuego de ese compañerismo que habíamos alcanzado en el club, se fue consumiendo hasta extinguirse lenta y paulatinamente, del Bama solo quedan recuerdos. Marcos, Oscar y yo continuamos recorriendo los caminos de nuestra amistad, esa vez acompañados de nuestras parejas, que una a una se fueron convirtiendo en esposas, en compañeras de vida.

Y llegaron las hijas, primero las de Oscar y Carmen, luego de Pepe y Susy, y de Marcos y Karina, todas, todas mujeres, para consolidar aún más esa hermandad entrecruzábamos los papeles, fuimos testigos en nuestros matrimonios, padrinos de nuestros hijos, en fin, no nos cansábamos de entrelazar con delgados, finos e irrompibles hilos esa amistad que ya no era de tres era de familias.

Todo iba relativamente bien, nos reuníamos periódicamente, la amistad continuaba por ese sendero a veces llano, otras pedregoso, pero íbamos sorteando cualquier obstáculo que se presentase, hasta que llegó el fatídico dieciséis de septiembre de dos mil uno, era domingo cuando Marcos sufrió un accidente cerebro vascular.

Y todo cambio, más allá de estar casi tres meses en terapia intensiva e intermedia, un largo trecho de meses y días le fue imposible valerse y movilizarse por sí mismo, con el paso del tiempo recuperó parcialmente ciertas capacidades físicas, fue un golpe muy fuerte, muy duro para una persona dinámica, entusiasta y encendida, retornó su habilidad y destreza mental, pero su voz, visión, respiración y su andar nunca volvieron a ser los mismos. Su vida se había convertido en un duelo, un reto diario y constante, le acompañamos en su recuperación, pero tratábamos de no mostrar conmiseración, menos compasión, para evitar que su fortaleza mental desfallezca y se abandone, el próximo mes hubieran sido veinte años, de esa lucha, de ese afrontar cada día las secuelas que había dejado en su cuerpo ese accidente cerebral.



La pandemia impidió que nos viésemos estos dos últimos años, por eso duele no haberle acompañado y darle el adiós que merecía, duele saber que ya no está entre nosotros, hoy queda el recuerdo, pero es el recuerdo de los años que recorríamos tranquilos, despreocupados, sonrientes, optimistas, inmortales las calles de nuestro Alto Obrajes, sin saber que casi cincuenta años después, un once de agosto de dos mil veintiuno Marcos nos iba a dejar.

Marquitos, consuela saber que te rencontraste con tu papá, que de Dios ya estás gozando y con seguridad estás departiendo con Facundo Cabral, de quien justamente ayer y quizá a la hora que dudabas, que te debatías entre irte o quedarte, se me ocurrió enviarte un pensamiento sobre la vida y la muerte, que coincidencia más trágica. Descansa hermano, descansa, que tu impronta queda en nuestra memoria y tu recuerdo en nuestros corazones.

En memoria de Marcos Oscar Crespo Paz

04 de julio de 1961 – 11 de agosto de 2021

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