En Memoria de Marcos,
Dueño de una Simple Amistad
Con
Marcos, nuestra amistad nació como lo hacen las cosas simples, sin
pretensiones, sin intenciones, ni intereses, menos ambiciones, se fue
construyendo poco a poco, nos limitábamos a pasar horas, que se convirtieron en
días, semanas, meses y estos en años y más años, fue un recorrido por el
despertar, por el descubrir sensaciones, alegrías, tristezas, emociones,
cambios físicos y sentimentales, no sabíamos que estábamos consolidando la
grandeza de esa palabra tan simple, amistad.
Como no
recordar a los ocho que comenzamos la travesía deportiva Marcos Crespo, Oscar
Cuevas, Javier Loza, Fernando y Miguel Carvajal, Gastón Flor, Flavio Escobar y
José Camargo, al tocar la adolescencia nuestros cuerpos, esa amistad varonil se
remeció, se resquebrajó al hacer su aparición las chicas, poco a poco el equipo
de futbol se convirtió en el club Bama, unión que también suena desconocida
para la individualizada juventud actual, al convertirnos en clan, de los ocho
pioneros, en un instante del tiempo llegamos a ser más de treinta. Tantos
nombres, tantos recuerdos.
Y
llegaron las hijas, primero las de Oscar y Carmen, luego de Pepe y Susy, y de
Marcos y Karina, todas, todas mujeres, para consolidar aún más esa hermandad
entrecruzábamos los papeles, fuimos testigos en nuestros matrimonios, padrinos
de nuestros hijos, en fin, no nos cansábamos de entrelazar con delgados, finos
e irrompibles hilos esa amistad que ya no era de tres era de familias.
Y todo
cambio, más allá de estar casi tres meses en terapia intensiva e intermedia, un
largo trecho de meses y días le fue imposible valerse y movilizarse por sí
mismo, con el paso del tiempo recuperó parcialmente ciertas capacidades físicas,
fue un golpe muy fuerte, muy duro para una persona dinámica, entusiasta y
encendida, retornó su habilidad y destreza mental, pero su voz, visión,
respiración y su andar nunca volvieron a ser los mismos. Su vida se había
convertido en un duelo, un reto diario y constante, le acompañamos en su
recuperación, pero tratábamos de no mostrar conmiseración, menos compasión,
para evitar que su fortaleza mental desfallezca y se abandone, el próximo mes
hubieran sido veinte años, de esa lucha, de ese afrontar cada día las secuelas
que había dejado en su cuerpo ese accidente cerebral.
La
pandemia impidió que nos viésemos estos dos últimos años, por eso duele no
haberle acompañado y darle el adiós que merecía, duele saber que ya no está
entre nosotros, hoy queda el recuerdo, pero es el recuerdo de los años que
recorríamos tranquilos, despreocupados, sonrientes, optimistas, inmortales las
calles de nuestro Alto Obrajes, sin saber que casi cincuenta años después, un
once de agosto de dos mil veintiuno Marcos nos iba a dejar.
Marquitos,
consuela saber que te rencontraste con tu papá, que de Dios ya estás gozando y
con seguridad estás departiendo con Facundo Cabral, de quien justamente ayer y
quizá a la hora que dudabas, que te debatías entre irte o quedarte, se me ocurrió
enviarte un pensamiento sobre la vida y la muerte, que coincidencia más
trágica. Descansa hermano, descansa, que tu impronta queda en nuestra memoria y
tu recuerdo en nuestros corazones.




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