Ángeles, Ángeles Apartados

 

“Puede uno tener el entendimiento de un ángel, y ser, sin embargo, un demonio.”

ANÓNIMO

 



En las religiones monoteístas, como el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, los ángeles suelen ser entes celestiales, benevolentes, intermediarios entre Dios y los humanos. Por supuesto, también hay ángeles malos, como Luzbel, el ángel caído por excelencia, que por soberbia se comparó a Dios mismo y fue expulsado del paraíso. Por eso vive en el infierno, junto a otros ángeles caídos y con las almas que logra capturar.




Siempre hemos escuchado, leído sobre Ángeles y Arcángeles, muchos no los han visto, escuchado o sentido, cientos, miles podemos dar fe que los vemos a diario, los escuchamos día a día, leemos sobre ellos cotidianamente, son ángeles, pero Ángeles Apartados, no caídos. Estos ángeles, un día eran humanos, mortales como cualquiera de nosotros, pero al otro día, más por conveniencia que por convicción se convirtieron en políticos que coyunturalmente empezaron a gozar, aprovechar, saborear y abusar de las mieles del poder, sin prisa, pero sin pausa se fueron envileciendo, enriqueciendo y cambiaron profundamente, se transformaron en seres ignífugos, intocables, inmortales, narcisistas.



Al escuchar, leer sobre tropelías, escándalos que fueron cometiendo durante catorce años, era triste ver que el destino de nuestro país no sólo estuvo en manos de la escasa capacidad, insuficiente experiencia, limitada idoneidad de quienes gobernaban, sino de sus pasiones no confesadas, sus deseos trasnochados, sus más absurdas fantasías, sus irracionales odios, sus enfermizos rencores y exagerados resentimientos.




Es innegable que todo aquel que llegaba a gobernar nuestro país, ansiaba, aspiraba y ambicionaba quedarse un poquito más, es indudable que la miel desde el poder sabe más dulce; sin embargo, durante veintitrés años ese deseo, esa ambición se quedaba en anhelo, en sueño, porque se respetaba lo que mandaba la Carta Magna, la alternancia. Durante catorce años lamentable y tristemente se fue develando y convirtiendo en una desalentadora, dolorosa y cruel realidad, quien nos gobernaba demostró, puso de manifiesto que haría lo que fuere necesario o se precisase para quedarse, para perpetuarse en el poder. El dos mil diecinueve, no habiendo jugado bien sus cartas, renunció y fugó, pero, políticos más imaginativos que Esopo crearon la Fábula del Golpe queriendo deformar, desvirtuar, distorsionar la realidad sin alcanzar el éxito esperado ni logrando convencer a nadie.




Para asombro, hoy lo vemos convertido en un ángel, un Ángel Apartado, pero no del Jardín del Edén, sino del Jardín del poder. Irónica, cínicamente, al caer del jardín del poder, quizá por un episodio de amnesia política, a través de un medio que además de divinizarlo, santificarlo, amplifica su voz y se lo escucha convertido, transformado en un ser perfecto y libre de toda culpa, bueno, justo, puro, inocente, virtuoso, inmaculado, altamente preparado que firmemente asegura, taxativamente afirma que durante sus escasos catorce años de gobierno manejó y dirigió los destinos del país con la mayor sabiduría, más absoluta transparencia, acató y observó plenamente la Constitución, respetó la independencia de poderes, preservó la institucionalidad, gobernó con los hombres y mujeres más capaces, preparados, idóneos sin importar su militancia política, jamás abusó del poder, castigó y fustigó dura y severamente la corrupción, imperturbable asevera haber recibido un país quebrado, en bancarrota y lo convirtió en la Suiza de las Américas.




Coincidentemente, esos episodios amnésicos, esos trastornos disociativos, esas convenientes pérdidas de memoria, afecta a todo político que es apartado, separado del Jardín del Poder y se convierten en seres angelicales, que muestran su asombro, su extrañeza, su profunda indignación cuando alguien osa, se atreve a criticar, censurar, reprochar su accionar político, por más que los hechos sean irrefutables, innegables, irrebatibles, sin atisbo, sin una pizca de vergüenza tozudamente, testarudamente, empecinadamente atribuyen las denuncias a infamias, calumnias, a deseos de venganza o de querer darles muerte civil. Son las ironías de la vida.


 

“La virtud de los ángeles es que No pueden empeorar; su fallo es que No pueden mejorar. El fallo del hombre es que Sí puede empeorar, y su virtud es que Sí puede mejorar.”

Cassandra Clare

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