Con el Corazón en la Mano

 

No, no es el tiempo, bastaría un minuto, un segundo que una mujer sienta que alberga, que cobija, que una vida florece dentro de su ser y ese minuto, ese segundo transforma por siempre y para siempre su vida, convirtiéndola en la joya más preciada, más atesorada y más venerada, una Madre.




Himnos, cánticos, odas y alabanzas se han ido elevando, cantando, recitando, pero todo queda pequeño, insignificante al no poder reflejar, plasmar ni siquiera una gota del amor que una Madre siente por el ser que ha dado vida. Porque una Madre:


Vigila nuestros sueños

Arropa nuestros fríos

Espanta nuestros fantasmas

Calma nuestras angustias

Ahuyenta nuestros monstruos

Olvida nuestras mentirillas

Ríe nuestras travesuras

Ignora nuestros embustes

Soslaya nuestras sandeces

Sacia nuestra hambre

Consuela nuestras tristezas

Enjuaga nuestras lágrimas

Llora nuestras penas

Canta nuestras alegrías

Ensalza nuestros éxitos

Engrandece nuestros triunfos

 

Mil Felicidades a todas, todas las Madres, a quienes, como yo, aún tienen a su Madre, agradezcan a Dios que nos permite gozar, disfrutar de su amor, aquellos que la perdieron, eleven una oración, pues con seguridad está a la diestra del Señor.

Gracias Dios por ese regalo divino.

José Camargo T.

La Paz 27 de mayo de 2022

Publicar un comentario

0 Comentarios