02 Proterviano Corruptelo: Una Historieta de Corrupción

 

 


 

PROTERVIANO CORRUPTELO



 

 

HISTORIETA FICCIONAL

LLENA DE CORRUPCION

 

 

 

 

 

 

Los hechos y personajes son

absolutamente imaginarios

 

 

 

Cualquier semejanza con la realidad, es responsabilidad de la realidad, que se esfuerza, se empeña en superar a la ficción

 

 

El Escribidor

Mayo de 2023


 


 

PRIMERA PARTE

LOS PADRES DE CORRUPTELO

Ama a tus padres si son justos; si no lo son, sopórtalos.

Publio Siro

 

El papá de Proterviano Corruptelo ya no recuerda desde cuando trabaja en una oficina pública alta, extremadamente burocrática, si los jefes querían que algún trámite demore, se entrepapele o se extravíe, lo buscaban a él, con absoluta certeza conseguían el éxito esperado y lo más importante, el culpable. Era un burócrata de hábitos, costumbres arraigadas, de lunes a viernes distribuía su faena matinal entre la lectura detallada, minuciosa de los periódicos matutinos, el café, la merienda y el tiempo que le restaba dedicaba a atender al público solicitante de sus servicios que, a pesar del tiempo transcurrido aún lo estresaba sobremanera, esa rutina laboral continuaba sin muchas variaciones por las tardes, parando labores tradicionalmente a la hora del té. Para liberarse del estrés y cansancio burocráticos que le producía la semana laboral, se iba a distender, a despejar, a relajar sagrada, habitualmente cada viernes en el boliche de la esquina junto a sus pares, boliche que, por la alta afluencia, asistencia de tecnócratas, burócratas de oficinas similares, no solía reservar mesas, así que cada viernes sorteaban a quien “camuflarían” para que pueda escabullirse, escaparse e ir a "reservar, guardar" una buena mesa.




Como su sueldo y el de sus pares no era alto, para su desestresamiento procuraban, agenciaban, gestionaban fuentes adicionales, suplementarias de ingresos que generalmente provenían de caídas, aceites, mordidas, incentivos que milagrosa, mágica e intempestivamente hacían que un trámite, una gestión, un requerimiento apareciera, se agilizara o culminara exitosamente, por norma no escrita, pero harto conocida una parte se destinaba “obligatoriamente, ineludiblemente” a los jefes, otra a sus ahorros personales y el resto iba a una bolsa común que con sus pares reservaban, guardaban semanalmente para dar rienda suelta a sus desenfrenadas y alocadas noches de viernes, generalmente sus parrandas, sus juergas continuaban, proseguían hasta altas horas de la noche en locales donde hermosas, deslumbrantes y sensuales féminas les expresaban y juraban amor incondicional y eterno, era eterno mientras de sus billeteras podían fluir billetes y más billetes, cuando sospechaban, intuían que éstos se acababan, las doncellas y el amor eterno desaparecían, se sumían, con los bolsillos vacíos veían como las damiselas presurosas corrían a ofrecer a otros su incondicional y eterno amor nocturno.



Su mamá no tenía la estabilidad burocrática del padre, pero hábil, diestramente conseguía trabajos temporales, transitorios en entidades públicas, empresas grandes, pequeñas, tiendas, supermercados y los años se le fueron pasando entre sus trabajos eventuales, su cocina, el cuidado de sus hijos y cuando no trabajaba pasaba sus tardes en salones de té, cotorreando, chismorreando con amigas. Desde los primeros años de matrimonio sospechaba, intuía que gran parte de los ingresos de su esposo provenían de negocios no convencionales, no tradicionales, porque el sueldo mensual de su esposo no justificaba la cómoda y amplia casa, los autos de alta gama que poseían, las fastuosas fiestas que brindaban, el colegio privado de los hijos y las fantásticas vacaciones que anualmente disfrutaban en familia, pero prefería callar, no inquirir y seguir gozando de esos lujos y placeres terrenales.


 

 


 

SEGUNDA PARTE

EDUCACIÓN E INCLINACIONES DE CORRUPTELO

No hay escuela igual que un hogar decente y no hay maestro igual a un padre virtuoso

Mahatma Gandhi

 

Proterviano Corruptelo era el primogénito de los cuatro hijos que tuvo la pareja, le seguían Cayetana Celedonia, Elpidio Febronio y la menor Melitonia Petronila. De su niñez y adolescencia le quedan gratos e imborrables recuerdos, si bien no era el más respetuoso, disciplinado, solidario ni cortés, era de lejos el más inteligente, avispado, charlatán, parlanchín y sus padres viendo esas dotes le auguraban un futuro profesional exitoso, próspero, la madre soñaba y se veía en la graduación del Señor Ingeniero o del Doctor Corruptelo, lo que esperaban que cambiase, mejorase era esa extrema, suprema e inocultable pereza, flojera que le caracterizaba y dominaba.




Desde corta edad demostró, manifestó eximia habilidad, excelsa destreza para conseguir, lograr, alcanzar lo que quería o se proponía, para ello indiscriminadamente, indistintamente, desaprensivamente utilizaba, empleaba caminos, sendas lícitas o ilícitas. Como testimonio, como constancia de su falta de escrúpulos, en Colegio se destacaba, sobresalía por su destreza, habilidad y rapidez para elaborar chanchullos, era un maestro para copiar tareas, exámenes, trabajos, no solía hacer tareas, menos estudiar, es perder el tiempo era su dicho, sus profesores sospechaban que se copiaba, que chanchullaba, pero dada su destreza, su habilidad no lograron pescarle, atraparle in fraganti, sus compañeros anualmente lo nombraban presidente del curso, con todos sus pecadillos era el líder indiscutible, irrebatible, todo el curso le seguía, le admiraba.


Copiando, chanchullando terminó, concluyó su etapa estudiantil, colegial, salió bachiller, luego de una pomposa fiesta de graduación, sus padres le hicieron una fastuosa, imponente fiesta donde su padre todo orgulloso, alegre, satisfecho, no escatimó en gastos, dos orquestas y un conjunto musical de renombre internacional ambientaron, amenizaron los dos días que duró el festejo.



Habiendo pasado unos días de los festejos, ante la clásica, tradicional típica pregunta sobre que estudiaría, rápidamente le propuso a su padre que le consiguiera trabajo en una oficina burocrática, no le importaba el cargo. Su padre, saliendo de la sorpresa sumó, restó y dividió sus ingresos y le era muy positivo que su retoño decidiera no hacerle gastar en estudios superiores. Toda esa semana su padre se dedicó a hablar con muchos de sus pares, sus contactos de otras oficinas, otras instituciones, hasta que saltó la liebre y su hijo ya tenía trabajo.



La decisión de Corruptelo no era intempestiva, ni repentina, una tarde fortuita, casual, accidentalmente encontró una papeleta de pago de su padre, le desconcertó, le turbó que ganara tan poco, la cifra no coincidía con los gastos familiares, sólo la mensualidad de los colegios sobrepasaba la remuneración mensual, igual que su madre sumó, restó y dedujo, infirió de donde provenía el monto adicional, como era holgazán, flojo, perezoso decidió no estudiar una carrera, prefería seguir los exitosos pasos de su Padre, quien no se había molestado en profesionalizarse y lo veía como un triunfador.




Con el producto de sus trapisondas y triquiñuelas adolescentes, altamente productivas, rentables Proterviano adquirió dos elegantes, formales y por demás costosos trajes de vestir, corbatas, camisas labradas y zapatos, todo de marca, quería impactar, impresionar en su primer día de trabajo, no le importaba que iba a ser uno de los Mensajeros de una oficina altamente burocrática, se creía y estaba seguro de ser y saber mucho más que un Mensajero.

 

 


 

TERCERA PARTE

ASCENSO Y ÉXITO DE CORRUPTELO

El éxito depende de la preparación previa, y sin ella seguro que llega el fracaso

Confucio

 

El primer día, se presentó puntual, elegante, serio al trabajo y como había esperado, presentido, impresionó, impactó a jefes, burócratas y pares, cautivó, enamoró al plantel femenino, contradiciendo su conducta, su comportamiento hogareño, era disciplinado, diligente, educado y sumiso, por ello no extrañó que, transcurridos los tres primeros meses fuera ratificado en su cargo de mensajero, dada su vanidad, engreimiento Corruptelo usaba para sus fines un título más pomposo, pretencioso “Administrador Encargado del Transporte, Despacho y Recepción de Trámites”, festejó su confirmación como si hubiera ganado una copa mundial.




Por su sagacidad, visión de futuro rápidamente deshilvanó, descifró los atajos y vericuetos burocráticos que le permitirían obtener ganancias más allá de su sueldo; a la par fue descubriendo, identificando a quienes manejaban esa maquinaria finamente aceitada, una cadena, una estructura sumamente compleja, pero altamente eficiente, fundamentalmente discreta y considerablemente rentable, no le sorprendía que el líder sea un empleado de cargo inferior, pues secretarias, mensajeros, porteros, auxiliares eran quienes circulaban por todas las oficinas sin levantar sospechas de hacer cosas ilícitas. Ese día dejó de ser sumiso, por estrategia, por convenir a sus intereses continuó siendo disciplinado, educado y diligente, pero dejó de ver con respeto a los jefes que formaban parte de la estructura o que recibían un porcentaje de los importantes ingresos que generaba esa maquinaria.



Su Oficina era estratégica e importante, sumamente disputada y apetecida por los ingresos extraordinarios que se podían generar, Corruptelo no se cansaba de agradecer a su padre por haber logrado acomodarlo en tan rentable empleo. Por su carácter, viveza y astucia no pasó mucho tiempo para que sea reconocido como el líder de la oscura organización, ese “ascenso” fue recibido con naturalidad, hasta complacencia y satisfacción por todos los miembros. Plenamente empoderado, en su nuevo puesto, modificó algunas “tarifas de gestión” subiendo, incrementando de las importantes, reduciendo, rebajando de las irrelevantes, con esos cambios los ingresos subieron considerablemente.


El dinero fácil comenzó a incrementar sus cuentas, convirtiéndolo en cliente VIP no sólo de entidades bancarias, sino de concesionarias de autos, tiendas de ropa exclusiva, líneas aéreas, restaurantes, pubs y de clubes privados exclusivos para hombres, comenzó a gozar de privilegios, prerrogativas en su trabajo, podía faltar dos, tres días y nadie decía nada, lo tapaban, socapaban, encubrían, si alguien observaba u objetaba, “está en comisión”, era la justificación, la explicación que jefes, secretarias y burócratas manejaban, le temían, en realidad tenían miedo quedarse sin su parte o que les reduzca su porcentaje. Las ausencias se debían, obedecían a viajes de fin de semana generalmente a playas paradisiacas que frecuente, habitualmente solían prolongarse hasta el primer o segundo día hábil de la semana, disfrutando del amor y la compañía de la novia de turno o porque disfrutaba de francachelas, de juergas durante tres, cuatro días continuos o cuando se encerraba varios días en clubes privados rodeado de hermosas damas de la noche, superando sin saberlo las sencillas francachelas de su padre, por su astucia y estrategia, en sus juergas y encerronas siempre estaba acompañado de jefes y autoridades.


Con el paso del tiempo fue coleccionando novias y autos, se independizó del hogar paterno y adquirió una casa en un barrio privado, por su codicia y voracidad se creía merecedor, digno de mucho más, encontraba incompatibles su inteligencia, su cargo y su nuevo estatus económico que, socialmente le hizo escalar. Ser jefe, ser autoridad comenzó a dar vueltas en su cabeza, para ello, como siempre, emplearía caminos, sendas lícitas o ilícitas, discretamente, sigilosamente, sutilmente investigaba, averiguaba que requisitos debía cumplir para ser jefe, una y otra vez constató, confirmó que había un único y exclusivo camino, …….. ser político.



 


CUARTA PARTE

CAIDA Y DETENCION DE CORRUPTELO

Cada caída le enseña al hombre algo que necesitaba aprender.

Charles Dickens

 

No causaba sorpresa que su afinidad, ideología política sea altamente variable, volátil, voluble extrañamente siempre coincidía, concordaba con la que profesaban, abrazaban los gobernantes de turno. Esa maleabilidad, flexibilidad, elasticidad política le permitió conservarse en su cargo y en su puesto los últimos veinticinco años; le resultaba sumamente fácil adscribirse, adoptar, jurar al partido que gobernaba. Dada esa fama, su familia, amigos, cercanos y conocidos a Corruptelo le decían “Auto Parqueando”, a veces un poco a la derecha, ahora a la izquierda, un poco más a la izquierda, un poco al centro, más a la derecha, en fin, altamente maniobrable su ideología política. Para confort, tranquilidad de su inmutable, impenetrable conciencia, los últimos quinquenios se mantuvo fiel y leal a una única línea ideológica, desde que comenzó esa etapa, se sentía dichoso, gozoso, sin tomarle mucho tiempo se dio cuenta que era un pequeño pececillo en un mar de tiburones, por su astucia y avasallante personalidad no le costó mucho convertirse en un tiburón, prontamente lo nombraron jefe, como un reconocimiento a su oscuro liderazgo, a su siniestra valía, su ascenso motivó que su negocio creciera duplicando, triplicando en corto tiempo sus ingresos, de todos sus socios y de los adscritos, a la par sus ausencias se tornaron más frecuentes y más prolongadas, pero siempre cuidaba de invitar, de estar acompañado de un superior y como era su costumbre de la novia de turno, cuando preguntaban por él, el Señor “Licenciado” está de viaje oficial era la consabida respuesta. Debidamente consolidado en su cargo, dirigiendo sin preocupación, sin sobresaltos su ilícito pero rentable emprendimiento, planificaba, proyectaba ampliarlo, diversificarlo, su masiva red de contactos, el poder que iba acumulando, el profundo conocimiento de las debilidades y participación en el negocio de cada uno de sus asociados, le daba una posición, situación envidiable, inmejorable y se veía, se sentía imparable, intocable, inatacable.




Una mañana dominical, atónito, estupefacto, sorprendido no creía lo que escuchaba, rápidamente tuvo que ocultar, encubrir, esconder sus atuendos y banderas, retomó pensamientos y lenguaje liberal, recordó ir “un poco a la derecha”, gracias a su maniobrabilidad de auto parqueando su jefatura y negocio no se vieron afectados, rápidamente fue contactado y mantuvo el mando de su unidad laboral y el liderazgo y dirección de su organización. Así como él, otros miles se habían camuflado, mimetizado, se convirtieron en liberales ortodoxos, más fundamentalistas que Adam Smith o John Locke, debido a su fino instinto, a su astucia, presumía, presentía que ese periodo no iba a durar mucho, que se armaba, se ensamblaba el retorno de la anterior línea ideológica.




Fue así, no se equivocó, sus presentimientos fueron correctos, acertados retornaron, pero no le incomodó, al contrario se sintió muy tranquilo, reconfortado, sólo debería virar a la izquierda, volverían los tiburones y eso le hacía avizorar un promisorio y esplendido futuro para su negocio, por ello, pletórico de dicha y jubilo ofreció a los victoriosos, a los triunfadores una fiesta bacanal donde abundaba deliciosa, exquisita comida, finas, costosísimas bebidas y música tocada por grupos internacionales de reconocida fama, con mucha nostalgia recordó la fiesta que su padre había ofrecido en su honor, cuando salió bachiller.




No le sorprendió que los mimetizados, camuflados en el liberalismo, en este nuevo periodo retomasen, demostrasen ser creyentes fervientes de la ideología victoriosa.

Su sagaz y perspicaz instinto le alertaba que algo no andaba bien, nuevamente empezó a tener malos y oscuros presentimientos, comenzó a evidenciar, a corroborar disputas encubiertas entre bandos, facciones y por primera vez, no sabía a cuál adherirse, no deducía cual ganaría, por ello no dormía bien, permanecía varios días deprimido, desanimado, afligido. Si bien su trabajo y su cargo eran secundarios, su organización era lo que más le importaba, más le interesaba, había logrado convertirla en una maquinaria con engranajes precisos y finamente aceitados que generaba mucho dinero, no le afectó mucho recibir su memorándum de despido, “por reestructuración administrativa, prescindimos de sus servicios”, se leía en el párrafo principal. Será una vacación un descanso, luego accionaré algunas palancas, buscaré a algunos contactos y volveré se decía y repetía, queriendo convencerse sin lograrlo.



Alguna vez escuchó a su abuelita materna decir “la mala suerte nunca viene sola, le gusta andar en pareja” solía reírse, a pocos días de su despido, comprobaba la veracidad de esa máxima al recibir una notificación de aprehensión por delitos penales, se le inculpaba de Cohecho Pasivo Propio, Incumplimiento de Deberes, Peculado, Encubrimiento, Malversación de Fondos, Exacción, Concusión, Uso Indebido de Influencias, Legitimación de Ganancias Ilícitas, un rosario, una sarta de argumentos justificaban la aprehensión, le había llegado la noche. Es un mal sueño, una pesadilla, debo despertar se repetía constantemente sin convencerse.




Acudió, recurrió a familiares, amigos, colegas, ex compañeros de trabajo, nadie lo conocía, todos alegaban demencia, desconocimiento, quienes habían comido de su mano, lo ignoraban, quienes habían recibido sus dádivas, lo rechazaban. Sólo sus Padres, se sentían compungidos, apesadumbrados, desconsolados, su padre había hablado con abogados e investigadores y las acusaciones eran serias, fundamentadas, las probabilidades de salir libre eran casi nulas, tenía toda la estructura jurídica y policial en su contra.


 

 

QUINTA PARTE

COMPUNCION DE CORRUPTELO

¿Crees que basta con decir lo siento? Y todo el pasado, ¿puede remediarse?

Clark Gable

 

Su detención preventiva fue corta, breve, sus asesores, abogados le aconsejaron que se acogiera a un juicio abreviado, lo hizo, fue sentenciado a veinte años de prisión, le fueron incautados y rematados todos sus bienes, intervenidas y expropiadas sus cuentas bancarias, quedo en cero, en la vía, su casa, autos, bienes, novias, viajes, socios, amigos eran sólo recuerdos, otrora dulces, hoy eran amargos, sombríos, deprimentes. Quizá, esos fueron los detonantes, los desencadenantes para que estrenara, activara su conciencia, no le fue bien, sintió repulsión, aversión, rechazo por su actuar, vino a él el remordimiento, el arrepentimiento, la compunción.




Por ello, sus habilidades innatas, su sagacidad, su astucia le sirvieron para pactar su tranquilidad y paz con los líderes, con los tiburones de la penitenciaría en la que fue recluido, esta vez no quiso convertirse en un tiburón, decidió ser un pececillo hasta que le toque dejar la prisión, para ese entonces tendría setenta años.




Ya cumpliendo su castigo, no le interesaba, no le preocupaba lo que hacía la legión, la multitud de socios, adscritos a los que volvió ricos, adinerados, a muchos de ellos los veía en la tele, los escuchaba en la radio declarar, discursar sobre su encomiable cruzada, su loable odisea, su ardua lucha contra la corrupción. Reía, sonreía, ante el cinismo, caradurismo, desfachatez.




En esta oportunidad, Corruptelo Proterviano no había necesitado copiar, chanchullar para aprender la lección más dura que la vida le había enseñado.


 


j. josé camargo 


 

 

 

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