“La política es el arte de disfrazar de interés general el interés
particular”
Edmond Thiaudière, escritor y filósofo francés.
Si creíamos que lo habíamos visto todo, no, no había
sido así, lamentable, triste, penosamente estamos siendo espectadores, testigos
de escenas vergonzosas, espectáculos bochornosos, situaciones escandalosas que
nos están ofreciendo, brindando ciudadanos apoltronados, enquistados en el
primer poder del Estado, quienes se intitulan, se creen, se consideran políticos.
Sí, es evidente son políticos, pero son políticos transitorios,
pasajeros, de coyuntura, no formados, el fracaso que vemos es total, rotundo
“nuestros” políticos no son capaces de llegar a acuerdos, no pueden negociar
entre ellos y el nivel de enfado y crispación en la población cada vez es
mayor. Un político que no sabe ceder, negociar no es un auténtico líder, más
bien es un pseudolíder.
Pero, ¿por qué?, pues, simple y sencillamente porque
son políticos hechos a la carrera no son políticos de vocación, de carrera, de
profesión. Ser servil, obsecuente, genuflexo a un líder no son condiciones
suficientes para considerarse político, probablemente lo sea para acceder a un
cargo público, diplomático o para ser incluido en la “franja de seguridad” de
las listas para cargos electivos (senadores, diputados, concejales, etc.), pero
no todas las autoridades, ejecutivos y servidores públicos y no todos los que
se sientan en un curul pueden aseverar que son políticos, otra cosa es que
coyunturalmente se encuentren ejerciendo las funciones propias de un cargo
político, hoy en día hasta servidores públicos de bajo rango creen ser o están
obligados a ser políticos.
Es larga la fila de profesionales, técnicos y
empleados capacitados, experimentados que, por ética, por dignidad han
preferido, han optado por renunciar, por dejar de ejercer un cargo público para
evitar ser utilizados, manoseados, manipulados, para sustituirlos,
reemplazarlos no necesariamente se exige experiencia o profesionalidad, basta y
sobra con saber vivar efusivamente, vitorear con entusiasmo al líder, aplaudir,
felicitar, adular constantemente a la autoridad y fundamentalmente participar, asistir
a cuanto mitin, marcha, manifestación de apoyo realicen dirigentes, actores, activistas
políticos.
Intencionalmente, deliberadamente se confunde
adoctrinar políticamente, ideológicamente con formar políticamente, está claro que
se adoctrina cuando se inducen valores que favorecen a determinado régimen, a
determinada ideología, a determinado partido, cuando se impone una manera de
pensar de actuar; en cambio, la formación política permite poseer un
pensamiento crítico, una actitud crítico – reflexiva de la realidad y
configuración política, posibilita contar con elementos para el análisis de la
realidad política, ofrece conocimientos básicos para entender los fenómenos
políticos de la realidad nacional.
Los debates, los conversatorios, los diálogos
políticos han desaparecido, son cosa del pasado, no se acepta la disidencia, la
objeción, ahora sólo se ven posiciones, actitudes dogmáticas, inflexibles de quienes
consideran que su opinión, su criterio son verdades inconcusas, incontrastables
y esto sucede porque los políticos hechos a la carrera son adoctrinados, no formados, porque no poseen
conocimiento, criterio político más allá del pensamiento, de la ideología que
les han inducido, que les han impuesto.
Anhelábamos, aspirábamos, deseábamos
tener una sociedad democrática moderna, diversa y plural, lamentablemente ese
anhelo se está desvaneciendo, esa aspiración se está sumiendo, ese deseo está siendo vencido, esa voluntad está siendo derrotada
por la dedocracia y la oclocracia impuesta, delineada, proyectada por políticos
hechos a la carrera.
“La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que
se les sirve a ellos”
Louis Dumur, escritor y periodista francés.
José Camargo T.








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