01: Del Fútbol, su Mediocridad

A los ocho, a los diez años, que niño no sueña con ser una estrella de fútbol, Pelé fue el responsable, el culpable, el diez inmortal, luego vinieron Maradona, Platini, Zidane, Mathaus, para que todos anhelen vestir una camiseta diez y siquiera una vez la de su equipo preferido y por qué no de la Selección. Es un sueño que se va desvaneciendo a medida que la realidad nos demuestra que somos mejores espectadores que jugadores.



Nuestro fútbol es mediocre, hablar de otros deportes sería fantasear, pues los deportistas son quijotes contra molinos de viento y gran parte de esos molinos son la dirigencia que, homologando a nuestra clase política sólo se sirven y viven del deporte.

Si por el Índice de Desarrollo Humano somos un país tercermundista, subdesarrollado al que, eufemísticamente lo catalogan como país en vías de desarrollo, sólo que esa vía es exageradamente estrechísima, asombrosamente sinuosa y tremendamente empinada, en el fútbol, somos un país en constante decrecimiento, está claro que, en 1963 y 1994 practicábamos mejor fútbol o por lo menos con mayor pundonor y vergüenza deportivas.

En el futbol nuestro de cada día, es exasperante y extremadamente irritante la lentitud, la parsimonia con la que nuestros futbolistas se desplazan en la cancha, apática y displicentemente esperan que el balón les llegue a sus pies, no corren el riesgo de buscarlo, si se convierte un gol, es más producto de errores del adversario, que por el desarrollo de una estrategia o de un planteamiento técnico – táctico, la casualidad, el rebote, el cabezazo fortuito juegan un rol importante.



Todo futbolista profesional debe y tiene que estar preparado física, psicológica y mentalmente para desarrollar su juego durante noventa minutos y un poco más, acá eso es teoría, es triste, sobrecogedor ver a deportistas jóvenes sin hálito deambular o trotar cansinamente en la cancha. Es anecdótico, hasta irrisorio que equipos profesionales tengan y mantengan en sus cuadros a jugadores, otrora habilidosos que, sólo van a rendir quince o veinte minutos esperando que el azar obre el milagro de una jugada, un pase, un penal. El fútbol es la combinación de habilidad, destreza, inteligencia, rendimiento y capacidad física, los nuestros son profesionales a la hora de cobrar, no a la hora de cuidar, de preparar, de entrenar su físico.

El 01 de julio de dos mil once, en la Copa América empatamos 1 a 1 con la Argentina, que era el dueño de casa, Fernando Niembro, en ese entonces un reconocido periodista deportivo argentino, extremadamente incrédulo y ofendido por ese hecho, de forma altamente despectiva y con sumo desprecio por la osadía del cuadro boliviano, reiterativamente tildaba y calificaba nuestro futbol de mediocre, arcaico, con tácticas y estrategias prehistóricas, jugadores displicentes y excesivamente lentos. Probablemente, por su furia e ira descontrolada exageraba en adjetivos peyorativos, pero no se equivocaba, éramos, somos lentos y displicentes.

Contrariamente, la clase dirigencial, es ágil, diligente, expedita, enfrascada y preocupada, pero en la búsqueda de cargos, cuotas, espacios de poder o beneficios propios, demostrando poco interés en dirigir acertadamente a su equipo, mucha, muchísima menor importancia tiene el equipo de todos.

La mediocridad reina en nuestro futbol, vivimos de recuerdos porque no hay presente y como vamos no se vislumbra futuro.

Críspulo Abundio

Veintitrés de diciembre de Dos Mil Veinte

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