Triste y
lamentablemente, el quieroqueismo o el Yo quiero y qué, es el principio básico
de la filosofía de vida de la mayoría de nuestros coterráneos, que rigen su
estilo y forma de vida, orientan su comportamiento y se autorrealizan, haciendo
lo que quieren en el momento o instante que simple y llanamente se les ocurre,
antoja o place. Esta actitud explica y justifica la desobediencia, la
trasgresión, el incumplimiento, el desacato de normas, pues se parte del yo
quiero hacerlo y qué, nadie se puede oponer. La soberbia, la rebeldía
malentendida y el impulso de hacerlo se mancomunan, sin respetar o contemplar
si se perjudica a alguien o se infringe una disposición, se olvida que los
derechos individuales terminan donde comienzan los derechos de los demás.
Es tan
delgada la línea que separa una marcha, un bloqueo motivado por una protesta
legítima o por la simple demostración de fuerza, de poder de dirigentes
gremiales, vecinales, sindicales, cívicos o políticos que, la sociedad ve
indiferente estos movimientos y los considera parte del folklore local, pues,
no hay día que no haya una marcha, un bloqueo, el motivo más banal, más fútil
es utilizado o provoca una marcha, un bloqueo, porque ellos quieren y qué. En
muchos de estos movimientos hay tanta indolencia, tanto ensañamiento que cruzan
la línea de la protesta reivindicada constitucionalmente y se torna en un
delito penalmente punible. Pero, la sanción forma parte de la negociación y
todos felices, excepto los perjudicados, los damnificados.
El
llamado al baño, en horas diurnas, nocturnas o vespertinas, con la escasez de
baños públicos, es pronta e inmediatamente solucionado con la simpleza de
buscar la parte trasera de un auto, un callejón o una puerta, con cerrar los
ojos y silbar se materializa el deseo. Algo similar sucede con los vendedores
callejeros ocasionales que tienden su plástico o manta donde les da la santa y
real gana, ya no es extraño ver a alguien vendiendo carnes o tubérculos en
aceras de céntricos paseos urbanos.
Es normal
ver gente molesta, enfadada y ofendida porque se le obliga a formar una fila, a
cumplir un plazo, un horario, un procedimiento, pues, somos parte de un pueblo
que histórica y tradicionalmente se ha acostumbrado a que se amplíen plazos, se
posterguen vencimientos, se flexibilicen normas, se condonen deudas tributarias
y si por alguna razón o situación estos hechos no se dan, a los responsables se
los tilda de insensibles, indolentes, inhumanos y se llega a la desfachatez,
insolencia de propiciar marchas, bloqueos, etc.
Intentar
erradicar, extirpar el quieroqueismo, es una tarea titánica que precisará de
políticas educacionales serias, responsables, sostenibles y de largo aliento. Lamentablemente
líderes y dirigentes de movimientos políticos como el actual alientan, impulsan,
justifican por su conveniencia el caos, el desorden, aplauden, celebran el
desacato, la desobediencia, la rebeldía, lo que nos hace vislumbrar, avizorar
un panorama altamente funesto, mientras no haya la firme voluntad y decisión
política de cambiar y erradicar ese mal endémico.
Críspulo Abundio
Tres de enero de dos mil veintiuno


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