17. La Tía Constituta, Su Sobrina y Ahijado

 

Todos somos iguales ante la ley, pero no ante los encargados de aplicarla.

Stanislaw Lec (1909-1966) Escritor polaco de origen judío

 


Constituta es una mujer agraciada, esbelta, de porte elegante y ceño sumamente fruncido que siempre trata de disimular con una sonrisa mal dibujada, es para hacerme respetar se repite una y otra vez, cuando le preguntan por su edad, sonríe y abruptamente cambia de conversación o se aleja, no es casada, no se casó, ni piensa, ni quiere saber de casarse, aunque nunca le faltaron ni le faltan pretendientes, de toda clase social, edad, sexo y condición económica, profesionales, técnicos, obreros, comerciantes, mineros, militares, en fin, no lo dice en voz alta, pero de los que rehúye y trata de alejarse, de apartarse lo más posible, es de los abogados y de los políticos, peor si es un político – abogado, estos nunca vienen con buenas intenciones dice para sus adentros.




No tiene hijos, pero sí varios sobrinos, de todos ellos Decretina es su sobrina predilecta y lo dice abiertamente, hija de una hermana menor, retribuyendo el cariño es mi tía preferida, suele contestar Decretina a cuantos le preguntan o le cuestionan, queriendo saber más sobre su célebre, famosa, renombrada tía. Muchas veces Constituta se siente tentada a jalarle las orejas, a regañarla, porque Decretina, en ocasiones más que frecuentes, trata no sólo de suplantarla, tergiversarla, interpretarla, incluso llega al colmo, al extremo de querer sobrepasarla, irrespetarla. Su paciencia, su sabiduría, mucho cariño y contar con no pocos allegados que la defienden, que la respetan, hacen que Decretina retroceda y controle sus impulsos, sus motivaciones, algunas rayanas en el maquiavelismo, en la astucia, en el engaño; sin embargo, está segura que, la mayoría de las veces Decretina trata, pretende obrar bien, con buenas intenciones, pero la mala influencia de Anarquis, Ilegalina, Masiste y Caostio hace que cometa errores contraviniendo, incumpliendo, infringiendo disposiciones, estipulaciones de su tía Constituta, a pesar de todo la quiere, porque es su sobrina favorita, Normis, Resolutis, Trataditus y principalmente Anarquis, Masiste, Ilegalina y Caostio no ocultan los celos que sienten por esa predilección, por esa preferencia, por ese favoritismo inocultable, indisimulable de Constituta hacia Decretina.



Anarquis, era hijo de un amigo que al morir pidió a Constituta que lo cuide, que se haga cargo de él, dado que no tenía otros parientes, Anarquis desde pequeño mostró un carácter indomable, de difícil trato, no gustaba de instruirse menos de obedecer, prontamente se convirtió en un joven rebelde sumamente despreocupado, exageradamente desaliñado, escasamente letrado, permanentemente irreverente, se oponía a toda norma, al orden establecido, desobedeciendo sistemáticamente cualquier consejo o disposición que emanaba de su tutora, de forma más que frecuente se le oía recriminar “no eres mi madre, ni quien para decirme que hacer o que decir, hago lo que se me viene en gana”, Constituta, por esa palabra empeñada no desfallecía en su intento de encarrilar, de enderezar a Anarquis, abrigaba esperanzas de verlo recapacitar y reencauzar su anárquica, irrespetuosa y caótica forma de enfrentar la vida.



Caostio, Ilegalina y Masiste también le causaban dolores de cabeza, a veces mucho mayores que Anarquis, solía cuestionarse qué decepción tan grande habría sufrido Caostio para vivir siempre en el lado oscuro no sólo de la luna, sino de la vida, admirador y seguidor incondicional de Anarquis, Constituta muchas veces se preguntaba si Anarquis y Caostio no eran hermanos gemelos, pero bien sabía que no vacilaban en contradecirse, en enfrentarse, solían competir por quien desobedecía, infringía, quebrantaba más ordenes, más normas, quien generaba mayor desorden, mayor caos, mayor anarquía.




Ilegalina era físicamente diminuta, menuda, nada atractiva, de mirada vivaracha, pero de una inteligencia sagaz, sumamente perspicaz, presta a cruzar la delgada línea de lo ilegal sin rubor, ni vergüenza, muchas de sus trapisondas, travesuras solían pasar desapercibidas, Constituta siempre se daba cuenta, pero estaba sumamente cansada, exhausta, agotada de estar permanentemente detrás no sólo de Ilegalina, sino de su ahijado y de tantos sobrinos pícaros, bribones, pilluelos, por ello muchas veces se resignaba a esperar que alguien correcto, honesto los ponga en línea.




Masiste, es un asistémico encubierto, hipócritamente, falsamente jura y perjura respetar las normas y reglamentos del sistema. Cotidianamente, diariamente chilla, clama, grita obedecer ciega e incondicionalmente a su Tía Constituta, es verdad lo hace, pero sólo lo hace cuando quiere castigar, reprimir, criminalizar al que no piensa como él, al que discrepa, al que lo contradice o quiere contradecir, al que no se adhiere o aplaude sus truculentas historias.



Para Constituta, cada día es una nueva aventura, va capeando, resistiendo, sorteando a todos los que de una u otra forma tratan de quebrantar, de incumplir lo que dispone, frecuentemente se siente humillada, con tristeza sostiene que muchas de las fechorías de Caostio, Anarquis e Ilegalina son quizá pequeñas triquiñuelas, tretas para sobrepasar o desobedecer sus disposiciones, sus preceptos, lo que sí le causa angustia, llanto, dolor y no suele frecuentemente hablar es de las mil y una violaciones que ha sufrido justamente de Masiste y de quienes dicen respetarla, honrarla, acatarla que se jactan, presumen, se llenan la boca de palabras reverentes, exageradamente respetuosas para referirse a ella; sin embargo, de trasfondo se escucha su risa irónica, cínica, su actitud descaradamente soberbia, hipócrita y la cereza del pastel es el hombrezuelo, el tipejo que se esconde en el clasismo, en el racismo, en el derecho humano para simplemente violarla una y otra vez.




 

La ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie.

Montesquieu (1689-1755) Escritor y político francés.

 

José Camargo T.

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