Todos somos iguales ante la ley, pero no ante los encargados de
aplicarla.
Stanislaw Lec (1909-1966) Escritor polaco de origen judío
Constituta es una mujer agraciada, esbelta, de porte
elegante y ceño sumamente fruncido que siempre trata de disimular con una sonrisa
mal dibujada, es para hacerme respetar se repite una y otra vez, cuando le
preguntan por su edad, sonríe y abruptamente cambia de conversación o se aleja,
no es casada, no se casó, ni piensa, ni quiere saber de casarse, aunque nunca
le faltaron ni le faltan pretendientes, de toda clase social, edad, sexo y
condición económica, profesionales, técnicos, obreros, comerciantes, mineros, militares,
en fin, no lo dice en voz alta, pero de los que rehúye y trata de alejarse, de
apartarse lo más posible, es de los abogados y de los políticos, peor si es un
político – abogado, estos nunca vienen con buenas intenciones dice para sus
adentros.
No tiene hijos, pero sí varios sobrinos, de todos
ellos Decretina es su sobrina predilecta y lo dice abiertamente, hija de una
hermana menor, retribuyendo el cariño es mi tía preferida, suele contestar Decretina
a cuantos le preguntan o le cuestionan, queriendo saber más sobre su célebre, famosa,
renombrada tía. Muchas veces Constituta se siente tentada a jalarle las orejas,
a regañarla, porque Decretina, en ocasiones más que frecuentes, trata no sólo
de suplantarla, tergiversarla, interpretarla, incluso llega al colmo, al
extremo de querer sobrepasarla, irrespetarla. Su paciencia, su sabiduría, mucho
cariño y contar con no pocos allegados que la defienden, que la respetan, hacen
que Decretina retroceda y controle sus impulsos, sus motivaciones, algunas
rayanas en el maquiavelismo, en la astucia, en el engaño; sin embargo, está
segura que, la mayoría de las veces Decretina trata, pretende obrar bien, con
buenas intenciones, pero la mala influencia de Anarquis, Ilegalina, Masiste y
Caostio hace que cometa errores contraviniendo, incumpliendo, infringiendo
disposiciones, estipulaciones de su tía Constituta, a pesar de todo la quiere, porque
es su sobrina favorita, Normis, Resolutis, Trataditus y principalmente Anarquis,
Masiste, Ilegalina y Caostio no ocultan los celos que sienten por esa
predilección, por esa preferencia, por ese favoritismo inocultable,
indisimulable de Constituta hacia Decretina.
Anarquis, era hijo de un amigo que al morir pidió a
Constituta que lo cuide, que se haga cargo de él, dado que no tenía otros
parientes, Anarquis desde pequeño mostró un carácter indomable, de difícil
trato, no gustaba de instruirse menos de obedecer, prontamente se convirtió en
un joven rebelde sumamente despreocupado, exageradamente desaliñado,
escasamente letrado, permanentemente irreverente, se oponía a toda norma, al orden
establecido, desobedeciendo sistemáticamente cualquier consejo o disposición
que emanaba de su tutora, de forma más que frecuente se le oía recriminar “no eres
mi madre, ni quien para decirme que hacer o que decir, hago lo que se me viene
en gana”, Constituta, por esa palabra empeñada no desfallecía en su intento de
encarrilar, de enderezar a Anarquis, abrigaba esperanzas de verlo recapacitar y
reencauzar su anárquica, irrespetuosa y caótica forma de enfrentar la vida.
Caostio, Ilegalina y Masiste también le causaban
dolores de cabeza, a veces mucho mayores que Anarquis, solía cuestionarse qué
decepción tan grande habría sufrido Caostio para vivir siempre en el lado
oscuro no sólo de la luna, sino de la vida, admirador y seguidor incondicional
de Anarquis, Constituta muchas veces se preguntaba si Anarquis y Caostio no
eran hermanos gemelos, pero bien sabía que no vacilaban en contradecirse, en
enfrentarse, solían competir por quien desobedecía, infringía, quebrantaba más ordenes,
más normas, quien generaba mayor desorden, mayor caos, mayor anarquía.
Ilegalina era físicamente diminuta, menuda, nada
atractiva, de mirada vivaracha, pero de una inteligencia sagaz, sumamente
perspicaz, presta a cruzar la delgada línea de lo ilegal sin rubor, ni
vergüenza, muchas de sus trapisondas, travesuras solían pasar desapercibidas,
Constituta siempre se daba cuenta, pero estaba sumamente cansada, exhausta,
agotada de estar permanentemente detrás no sólo de Ilegalina, sino de su
ahijado y de tantos sobrinos pícaros, bribones, pilluelos, por ello muchas
veces se resignaba a esperar que alguien correcto, honesto los ponga en línea.
Masiste, es un asistémico encubierto,
hipócritamente, falsamente jura y perjura respetar las normas y reglamentos del
sistema. Cotidianamente, diariamente chilla, clama, grita obedecer ciega e
incondicionalmente a su Tía Constituta, es verdad lo hace, pero sólo lo hace
cuando quiere castigar, reprimir, criminalizar al que no piensa como él, al que
discrepa, al que lo contradice o quiere contradecir, al que no se adhiere o
aplaude sus truculentas historias.
Para Constituta, cada día es una nueva aventura, va
capeando, resistiendo, sorteando a todos los que de una u otra forma tratan de
quebrantar, de incumplir lo que dispone, frecuentemente se siente humillada, con
tristeza sostiene que muchas de las fechorías de Caostio, Anarquis e Ilegalina
son quizá pequeñas triquiñuelas, tretas para sobrepasar o desobedecer sus
disposiciones, sus preceptos, lo que sí le causa angustia, llanto, dolor y no
suele frecuentemente hablar es de las mil y una violaciones que ha sufrido
justamente de Masiste y de quienes dicen respetarla, honrarla, acatarla que se jactan,
presumen, se llenan la boca de palabras reverentes, exageradamente respetuosas
para referirse a ella; sin embargo, de trasfondo se escucha su risa irónica,
cínica, su actitud descaradamente soberbia, hipócrita y la cereza del pastel es
el hombrezuelo, el tipejo que se esconde en el clasismo, en el racismo, en el
derecho humano para simplemente violarla una y otra vez.
La ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a
nadie.
Montesquieu (1689-1755) Escritor y político
francés.
José
Camargo T.








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