"El ignorante más peligroso es el que ignora que no
sabe"
Adolfo Plasencia
Paradójicamente, las fuerzas y leyes de la
naturaleza son las únicas que priman, que rigen, son a las únicas que se tiene
respeto, que se tiene miedo, porque las leyes y normas creadas y dictadas por
el hombre se han convertido en referenciales, oníricas, se las acata, se las
obedece siempre y cuando vayan única y exclusivamente en beneficio propio, caso
contrario simple y llanamente se las contraviene, se las incumple, se las
pisotea, si se observa y trata de obligar a respetar, a cumplir las normas,
rápida, raudamente sin demora, se invoca, se hace prevalecer el derecho humano,
como si el incumplir leyes fuese un derecho del ser humano, ese actuar, esa
actitud tiene un nombre irreverencia, insolencia, cinismo. Con plena y absoluta
seguridad, los cínicos, insolentes e irreverentes hasta las leyes de la
naturaleza infringirían, quebrantarían, las arrollarían si pudieran.
Para infortunio, desdicha y pesar de la mayoría
silenciosa, ya no imperan, ya no prevalecen la razón, la justicia, la
educación, el respeto, que se han convertido en cosa del pasado, en artículos
de lujo, en piezas de museo, hoy la violencia, la amenaza, la intimidación, la
agresión, el atropello son los argumentos legítimos, válidos y valederos para
conseguir lo que se quiere, lo que se requiere y hasta lo que se quiere por
capricho, así haya plena y absoluta conciencia que contraviene lo normado, que
perjudica a otros o que daña a terceros.
No, no se trata de discriminación, racismo, tampoco
de marginación, ni siquiera de exclusión, mucho menos de privación de derechos
a propios y extraños, en esta inusual, insólita época, en este periodo de
contracción de valores, de declinación de principios, hábil y mañosamente
confunden, presumen, creen que la inclusión social otorga impunidad,
licencia para romper, infringir, desacatar leyes y normas, diseñadas,
formuladas para una convivencia civilizada, institucionalizada, organizada.
Sonaría fantasioso, imaginario, hasta irreal
aseverar que años ha se cumplían a rajatabla, rigurosamente leyes y normas, el
hombre por su naturaleza y libre albedrio siempre ha tratado de esquivar, de
eludir, una gran mayoría de los habitantes de nuestra amada Bolivia son la
exacerbación, el epitome de la “Viveza Criolla”, pero a pesar de esa
muchedumbre de vivarachos, había respeto, consideración, hasta temor. Lamentablemente,
infelizmente por mezquindad, avidez, voracidad, insaciabilidad política se alienta,
se permite, se justifica la normalización del quebrantamiento, del
incumplimiento, del irrespeto, no toman en cuenta que esa permisividad, esa
laxitud, esa falsa conmiseración podría alcanzar niveles tan altos de caos, que
generaría el efecto de la bola de nieve.
Lo que no suena irreal, ni fantasioso es que estamos
viviendo una época donde el que grita más, el que atropella más, el que bloquea
más consigue lo que le viene en gana y esa minoría que aún respeta, cumple las
leyes se ha convertido en el decorado silencioso, el mobiliario urbano que
únicamente late, respira y estupefacta, asombrada contempla como la ignorancia,
la soberbia, la prepotencia se apoderan y destruyen todo lo que encuentran a su
paso.
No, no debería estar lejos el día que desempolvemos
la Educación y el Respeto, para que la palabra disidente, el pensamiento libre,
el juicio imparcial, el análisis técnico, el criterio profesional, vuelvan a
valorarse, a apreciarse, a primar.
“La ignorancia y el oscurantismo en todos los tiempos no
han producido más que rebaños de esclavos para la tiranía.”
Emiliano Zapata







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