12. Mediocre, Lento y Encima Amañado

 La primera vez que me engañes, será culpa tuya;

la segunda vez, la culpa será mía.

(Proverbio árabe)


Los hinchas, los fanáticos, los aficionados, los que sólo gustan del futbol no pueden terminar de entender, de comprender que la pelota no rodaba libremente, que era prisionera de contubernios, que su rodar estaba concertado en oscuros y tenebrosos acuerdos, que en sombríos y lúgubres ambientes conspiraban y pactaban su destino final.



Que nuestro futbol es tremendamente mediocre, terriblemente deslucido, exageradamente lento, extremadamente parsimonioso nadie lo niega, hasta se acepta, países vecinos tildan, etiquetan, estigmatizan nuestro futbol de arcaico, prehistórico, pero, a pesar de todo ello, hinchas, fanáticos, aficionados, los que sólo gustan del futbol estoicamente, obstinadamente, tercamente siguen asistiendo a los estadios con esa sensación, ese nerviosismo, ese deseo de triunfo, esa ansia de victoria, esa ilusión de esperar la hora del partido para ver ganar a sus colores preferidos, cuando resulta que lo que estuvieron viendo pudo haber sido una farsa, una payasada, una triquiñuela que el resultado anteladamente, anticipadamente pudo haber sido acordado, que la victoria era pírrica, pues ganaba el color preferido, pero perdía la competitividad, la honestidad, el juego limpio.




Exceptuando los malhadados transgresores, los desdichados malhechores, sus cómplices y encubridores nadie estaba preparado para conocer, para encontrarse con esa dura y decepcionante realidad, es tan deplorable, tan patético saber que nuestro futbol no sólo había sido mediocre y lento, sino que encima estaba amañado, manipulado, arreglado.




La corrupción, el contubernio, el fraude, el amaño no se miden por cantidad, no se trata si los deshonestos eran apenas tres o cinco jugadores, sólo dos o tres árbitros, a lo sumo dos o cuatro dirigentes o si recibieron cinco mil dólares o solamente cien bolivianos, es cuestión de calidad, al infringir, al quebrantar, al corromperse, al venderse se cruza la línea de la moralidad y ese cruce no tiene retorno.




No basta, no sólo se trata de anular un campeonato, ni de hacer jurar, prometer por Dios y por la Patria a dirigentes, árbitros y jugadores que nunca más volverán a venderse ni a corromper, que no arreglarán ni manipularán partidos y listo, borrón y cuenta nueva, ahora podemos empezar otro campeonato. No, no basta, no se trata de eso. El suspender el campeonato y dejar en manos de la justicia ordinaria, es otra obra teatral burlesca, otra farsa, otra pantomima, para que nunca se sepa quienes son los verdaderos culpables y para que la investigación y el proceso de “caiga quien caiga”, duerma el sueño de los justos, sea archivado bajo siete llaves judiciales, hasta que los hinchas, los fanáticos, los aficionados, los que sólo gustan del futbol se olviden, se aburran de esperar se descubra y se castigue a los que han mancillado, han manchado el rodar de la pelota.




El periodismo imparcial, profesional, no el periodismo con camiseta, debería levantar la voz, amplificar la voz de los que nos sentimos decepcionados, estafados, timados, engañados, no permitamos que la pelota siga rodando como si nada hubiera pasado, sólo porque alguien dijo, no importa sigamos…… igual la recua va a seguir yendo a los estadios, olvidémonos y sigamos.




Hincha, fanático, aficionado, tú que gustas del futbol no dejes que te manipulen, no dejes que te sigan robando tus sueños, tus deseos de triunfo, tus ansias de victoria, tu ilusión de esperar la hora del partido para ver ganar a tus colores, pero con la certeza y certidumbre que ese triunfo fue producto de un esfuerzo real y leal, de una disputa franca y veraz, de una brega limpia y honesta, no un acto teatral mañoso y fraudulento.




José Camargo

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