La primera vez que me engañes, será culpa tuya;
la
segunda vez, la culpa será mía.
(Proverbio
árabe)
Los hinchas, los fanáticos, los
aficionados, los que sólo gustan del futbol no pueden terminar de entender, de
comprender que la pelota no rodaba libremente, que era prisionera de
contubernios, que su rodar estaba concertado en oscuros y tenebrosos acuerdos, que
en sombríos y lúgubres ambientes conspiraban y pactaban su destino final.
Que nuestro futbol es
tremendamente mediocre, terriblemente deslucido, exageradamente lento, extremadamente
parsimonioso nadie lo niega, hasta se acepta, países vecinos tildan, etiquetan,
estigmatizan nuestro futbol de arcaico, prehistórico, pero, a pesar de todo
ello, hinchas, fanáticos, aficionados, los que sólo gustan del futbol
estoicamente, obstinadamente, tercamente siguen asistiendo a los estadios con
esa sensación, ese nerviosismo, ese deseo de triunfo, esa ansia de victoria,
esa ilusión de esperar la hora del partido para ver ganar a sus colores
preferidos, cuando resulta que lo que estuvieron viendo pudo haber sido una
farsa, una payasada, una triquiñuela que el resultado anteladamente,
anticipadamente pudo haber sido acordado, que la victoria era pírrica, pues
ganaba el color preferido, pero perdía la competitividad, la honestidad, el
juego limpio.
Exceptuando los malhadados transgresores,
los desdichados malhechores, sus cómplices y encubridores nadie estaba
preparado para conocer, para encontrarse con esa dura y decepcionante realidad,
es tan deplorable, tan patético saber que nuestro futbol no sólo había sido
mediocre y lento, sino que encima estaba amañado, manipulado, arreglado.
La corrupción, el contubernio,
el fraude, el amaño no se miden por cantidad, no se trata si los deshonestos
eran apenas tres o cinco jugadores, sólo dos o tres árbitros, a lo sumo dos o
cuatro dirigentes o si recibieron cinco mil dólares o solamente cien bolivianos,
es cuestión de calidad, al infringir, al quebrantar, al corromperse, al
venderse se cruza la línea de la moralidad y ese cruce no tiene retorno.
No basta, no sólo se trata de
anular un campeonato, ni de hacer jurar, prometer por Dios y por la Patria a
dirigentes, árbitros y jugadores que nunca más volverán a venderse ni a
corromper, que no arreglarán ni manipularán partidos y listo, borrón y cuenta
nueva, ahora podemos empezar otro campeonato. No, no basta, no se trata de eso.
El suspender el campeonato y dejar en manos de la justicia ordinaria, es otra
obra teatral burlesca, otra farsa, otra pantomima, para que nunca se sepa
quienes son los verdaderos culpables y para que la investigación y el proceso
de “caiga quien caiga”, duerma el sueño de los justos, sea archivado bajo siete
llaves judiciales, hasta que los hinchas, los fanáticos, los aficionados, los
que sólo gustan del futbol se olviden, se aburran de esperar se descubra y se castigue
a los que han mancillado, han manchado el rodar de la pelota.
El periodismo imparcial, profesional,
no el periodismo con camiseta, debería levantar la voz, amplificar la voz de
los que nos sentimos decepcionados, estafados, timados, engañados, no
permitamos que la pelota siga rodando como si nada hubiera pasado, sólo porque
alguien dijo, no importa sigamos…… igual la recua va a seguir yendo a los
estadios, olvidémonos y sigamos.
Hincha, fanático, aficionado, tú
que gustas del futbol no dejes que te manipulen, no dejes que te sigan robando
tus sueños, tus deseos de triunfo, tus ansias de victoria, tu ilusión de
esperar la hora del partido para ver ganar a tus colores, pero con la certeza y
certidumbre que ese triunfo fue producto de un esfuerzo real y leal, de una
disputa franca y veraz, de una brega limpia y honesta, no un acto teatral mañoso
y fraudulento.
José Camargo








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