No, no nos referiremos a las Guerras en las que
hemos perdido territorio patrio, sobre esas guerras se ha escrito, investigado,
estudiado, analizado y debatido sobreabundantemente, no sólo nosotros como país
afectado, cercenado, mutilado, sino que los vencedores han llegado a reescribir
los hechos, crear su propia historia, desmintiendo, desvirtuando, refutando la
verdad, la realidad. No, no nos referiremos a esas guerras.
Nos referiremos a Guerras en las que lenta,
paulatina e irreversiblemente hemos ido perdiendo valores, principios, cualidades
y virtudes humanas; como el sentido común, educación, respeto, honestidad, observancia,
justicia, convivencia, etc., porque al igual que los territorios, estas
cualidades y virtudes perdidas no lograremos recuperarlas, al menos no en esta
centuria, quizá ni en la siguiente.

El Transporte Urbano, es una de esas guerras, en la
que irremediablemente tuvimos que arriar nuestras banderas y sacar la bandera
blanca de rendición incondicional, inobjetable, indiscutible, fuimos salvajemente
derrotados, duramente agredidos, quedando tremendamente afectada nuestra
calidad de vida y debemos pervivir sometidos a los caprichos e intereses de los
vencedores, somos prisioneros, cautivos, esclavos de un deficiente, más que pésimo
sistema de transporte urbano que, a ningún político ni autoridad le interesa resolver,
solucionar porque afectaría al consentido y privilegiado gremio de los choferes.

En los últimos veinte años el sistema de transporte
urbano se ha ido deteriorando a tal grado que la población se ve obligada a
utilizar vehículos (taxis, radiotaxis, trufis, carries, minibuses, micros,
colectivos, etc.) que, en su mayoría son de larga data, considerados chatarra
en otros países, la mayor parte en pésimas condiciones mecánicas por el nulo o
escaso mantenimiento que se refleja en recurrentes accidentes y permanentes problemas
de circulación, muchos vehículos tienen un grado de deterioro notoriamente
visible y principalmente casi todos faltos de higiene. Si a esto se suma, se
añade la escasa educación, la insolencia, soberbia e irrespeto de los choferes,
quienes no se molestan ni preocupan en cumplir un horario, una ruta, menos en respetar,
acatar las normas, reglas, restricciones y señalizaciones de circulación vial,
las paradas de transporte son áreas inutilizadas, inservibles, fantasmales.

Las autoridades llamadas a normar, regular,
controlar y administrar el sistema de transporte urbano son simples
espectadores, observadores del sinnúmero de infracciones, transgresiones y vulneraciones
diarias, horarias que cometen los choferes, porque no se atreven, no se animan
a cumplir su función, su responsabilidad, pues este gremio goza, se beneficia y
abusa del poder político que ha logrado conquistar, lamentablemente a mayor
poder obtenido es mucho menor la calidad de servicio que brindan.

El incipiente transporte público del Gobierno Municipal
de La Paz, único en nuestro país, presta un servicio de alta calidad; sin
embargo, por el poder que tiene el gremio de choferes, este medio de transporte
no puede posicionarse, generalizarse, porque tropieza, sufre restricciones,
sabotajes, atentados que limitan su funcionamiento y son innumerables las
intentonas de pretender su desaparición. No sucede lo mismo con el Teleférico
de La Paz o el Tren Urbano de Cochabamba, primero porque su funcionamiento no
preocupa a los choferes, pues estos medios no ofrecen una solución integral y
su uso es limitado, segundo, por afinidad e intereses políticos no pueden
objetar obras de sus coyunturales correligionarios.

Masificar, ampliar y dotar a todas las ciudades de
un servicio de transporte municipal, departamental o nacional beneficiaría
enorme y significativamente a la población, pues eliminaría la ecuación en la que
todo chofer agremiado, sindicalizado basa y rige su trabajo: Un pasajero equivale
a Un pan en su mesa, porque gozaría de un sueldo mensual, de beneficios
sociales y fundamentalmente de estabilidad económica, pero esto no es atrayente
para dirigentes, líderes sindicales, gremiales y políticos, pues son ellos
quienes perderían sus privilegios, sus beneficios económicos, políticos y eso
están lejos de aceptar, de tolerar y harán lo imposible, hasta lo impensable
por mantener el actual sistema de transporte urbano.
La Paz, 01 de enero de 2023
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