Amamos nuestra Patria, amamos la tierra que nos vio
nacer; así como, la ciudad grande, mediana, pequeña, el cantón, la comunidad,
la comarca, la aldea, el barrio, la calle donde vimos por primera vez la luz. Y
ese amor a la Patria, al terruño suele intensificarse, acentuarse cuando
salimos de sus fronteras, nos inunda la nostalgia, extrañamos, añoramos todo,
desde el clima, el ambiente, la comida, la familia, los amigos, la gente, muchos
bolivianos voluntaria o forzadamente han convertido tierras foráneas en su
hogar y de los cientos de miles de bolivianos que migraron, un número
importante nunca volvieron y quizá nunca vuelvan, probablemente se fueron
decepcionados, frustrados, enojados con el terruño, con la Patria, como si ella
los hubiera abandonado, como si ella les hubiera obligado, forzado a salir. Por
equilibrios naturales, arriban extranjeros que encuentran su hogar, su familia
en nuestras tierras.
Entre nacidos y migrantes que, residimos en valles,
llanos y altiplano, que echamos raíces en nuestro suelo patrio, que tenemos una
conexión en muchos casos espiritual con la tierra que nos vio crecer, nos
alimenta y nos da la vida, expresamos nuestro amor por la Patria de distintas
formas.
Es desolador, triste, deprimente corroborar, constatar que, en nuestra Patria en los últimos dos decenios, lenta, paulatina, pausadamente se han ido erigiendo, edificando, construyendo dos Bolivias, contrariamente a lo que se pueda pensar o suponer no se trata de Oriente y Occidente, mucho menos Norte y Sur, tampoco Amazonía o llanura y Altiplano, son la actitud y la visión que hacen la diferencia, que marcan el contraste, mientras unos sólo exigen y demandan que Bolivia haga algo por ellos, otros sencilla y simplemente sólo quieren trabajar, progresar, desarrollarse, superarse, buscar oportunidades, tratan de dar, de hacer algo por nuestra Bolivia.
Los que exigen, los que reclaman, los que demandan
que Bolivia haga algo por ellos y jamás deje de hacerlo, son una legión, un
tropel, una muchedumbre cada vez más y más numerosa que, desafortunadamente,
deplorablemente emplean caminos, armas equivocadas, pero harto efectivas e
incluso letales, un irracional, irrazonable odio; una inmisericorde, implacable
violencia, a veces extrema; un exacerbado, avivado resentimiento; una elevada,
extrema intolerancia; una inusitada, arrogante soberbia; un incontrolable,
irrefrenable autoritarismo; un incontenible, irreprimible radicalismo, un descontrolado,
ingobernable irrespeto.
En una clara e inobjetable línea de politiquería, de
política barata, de pacotilla, el ejercicio del odio, la violencia, la
intolerancia, el irrespeto, la victimización son sorprendentemente alentados, indisimuladamente
fomentados, infatigablemente aplaudidos, incansablemente celebrados, por
extraño que parezca astutamente explicados, retorcidamente justificados. Esta
caterva, estas huestes han hecho de Bolivia un País bloqueado, de bloqueos,
donde se bloquea al que bloquea para que desbloquee. Un País donde se marcha
por todo y por nada, hasta para no perder la costumbre, se gastan recursos
pagando, trasladando bloqueadores, marchistas de una región a otra para que
marchen, para que bloqueen. Los estrategas, los ideólogos de la protesta, de la
confrontación saben que, mientras más violenta, más contundente la marcha, más cruel,
más indolente el bloqueo, más rápido conseguirán sus objetivos, sus logros, independientemente
que estos sean justos, que vayan contra las normas, que rompan, quiebren lo
constituido, que atenten, perjudiquen a otros, eso es lo de menos, es lo que
menos importa.
Suponer que, en la otra Bolivia, el Cielo es
permanentemente azul celeste que, las aguas fluyen constantemente tranquilas, reposadas
que, los días son paradisíacos, son presunciones fantasiosas, rotundamente erróneas,
absolutamente inexactas, hay diferencias notoriamente marcadas, hay ideologías
claramente contrapuestas, eso sí, prioritariamente los objetivos, los logros
son alcanzados, conquistados invirtiendo tiempo y trabajo, por eso todo
boliviano trabajador, sin importar su credo, ideología, formación o condición
esta conscientemente adherido, voluntariamente adscrito a la Bolivia que solo
quiere crecer, que solo busca progresar, que no trata de obstruir ni destruir.
A que Bolivia perteneces, en que Bolivia te alineas,
con que Bolivia te identificas es una decisión plenamente tuya, absolutamente
personal, puesto que, de ti depende que Bolivia vuelva a tener un solo sino, un
solo derrotero.







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