Bond, James Bond, nacido de la prolífica imaginación
del periodista Ian Flemming es un agente encubierto del servicio secreto
británico (MI6), siendo el séptimo agente “doble cero” de la agencia británica es
conocido como el agente 007, para Flemming los agentes “doble cero” tienen
permiso o licencia para matar “discretamente” a sus enemigos. Los chóferes de
transporte privado sindicalizado y libre que prestan servicio público en la
ciudad de La Paz, no han nacido de ninguna mente imaginativa, ni han sido creados
por un novelista de ficción, ni precisan ser agentes doble cero para tener
concesiones, licencias que la avidez y codicia política les ha ido otorgando;
puesto que, cuando reciben el carnet “profesional” de conducción asumen,
presumen ser agentes “doble cero” a quienes les han concedido permiso, licencia
para acelerar, infringir, desobedecer “indiscriminadamente, desenfrenadamente”
normas, controles, inspecciones, restricciones, regulaciones viales.

A James Bond le interesa espiar y matar, a los choferes
básica y fundamentalmente les interesa y preocupa obtener, procurar los mayores
ingresos posibles; puesto que, en la actual estructura y sistema de explotación
del transporte público los ingresos de los choferes están en relación directa y
proporcional con el número de pasajeros que transportan por día, semana, mes.
Está claro, es evidente que no es delito, no es un crimen querer, pretender, aspirar
ganar dinero, incrementar ingresos. Lo criticable, lo censurable, lo
reprochable es que los operadores sindicalizados hacen uso indiscriminado y
cínico de los privilegios, beneficios que políticamente han ido ganando, para
ellos, ha perdido relevancia, carece de importancia y ya no recuerdan que
prestan un servicio a la población que precisa trasladarse, movilizarse.

La desesperación de ganar dinero, trae consigo,
perjuicios, daños colaterales para los usuarios, entre los más obvios, notorios,
visibles, el discrecional cambio de “ruta o línea” asignada, hacia las más
rentables; la división de tramos largos en cortos o trameaje; la sobreoferta de
medios de transporte en horas pico y déficit en horas no atractivas; las
riesgosas y desaprensivas carreras con virtuales competidores para “ganar”
pasajeros; la discrecional velocidad de desplazamiento que, se incrementa o
decrementa si se quiere “ganar” pasajeros; el monopolio del servicio de
transporte a determinadas zonas, que impide el ingreso de otros medios y como
no citar el más criticable, el más reprochable que denota, que evidencia
nuestra innegable involución, nuestro estacionario, estancado subdesarrollo,
nuestro irrespeto, irreverencia por lo normado, estatuido el ascenso y descenso
de pasajeros de los vehículos en cualquier parte que se le antoje al usuario o
al chofer (a mitad de la calzada, en el segundo o tercer carril, en cruce de
vías, en curvas, en esquinas, etc.), es sorprendente, alarmante ver como
pasajeros ascienden o descienden del vehículo y a menos de un metro tiene que volver
a detenerse porque un usuario, por capricho, comodidad, pereza es incapaz de
caminar ese pedazo de metro para subir al medio de transporte.

Es lamentable que, para la mayoría de los choferes
sindicalizados higiene, educación y calidad de servicio sean palabras huecas,
vacías, sin sentido; así como, no les interese ni preocupe el cuidado y
mantenimiento de su instrumento de trabajo, resulta deprimente ver vehículos
que ya no merecen ese título y que en otros países son chatarra, desecho, teniendo
prohibida la circulación, pero empresarios inescrupulosos los recogen,
reacondicionan y los introducen a territorio boliviano a pesar de la
prohibición vigente.

Ante el rumor o mínimo intento de proponer, presentar
o aprobar normas de control, restricción, ordenamiento o regulación del
transporte que presta servicio público, basta un amague, un leve, un débil anuncio,
insinuación de realizar medidas de presión de los dirigentes sindicales, para
que las autoridades políticas y policiales cedan, retiren lo propuesto y por el
contrario amplíen, incrementen los beneficios, privilegios de las licencias
doble cero. En cambio, los conductores de vehículos privados, no gozan de ningún
privilegio doble cero, al contrario, generalmente son sometidos a rigurosos,
exhaustivos exámenes e inspecciones y ante el mínimo desperfecto o carencia
deben volver una y otra vez, hasta lograr obtener la aprobación requerida.

No nos opondríamos, ni repudiaríamos que determinados
gremios o sectores tengan u obtengan beneficios, que suelen llamarse conquistas
sociales o sectoriales, lo cuestionable, objetable, condenable es el mal uso de
ese privilegio y por el devenir político, social, sindical y gremial, se ve, se
vislumbra que la estructura y sistema de explotación del transporte público no
mejorará, por el contrario, tenderá a empeorar.
J. José Camargo T.
10 de julio de 2022
0 Comentarios