En el amanecer, en la aurora de los tiempos, en unos pastizales cerca de unos pantanales se divisan difusas, borrosas, poco claras formas humanas, probablemente cazadores y recolectores, corriendo frenética, desordenadamente detrás de un primigenio balón hecho de la vejiga de un Uro, cada que nacen y mueren siete soles y seis lunas, tienen pactado, convenido encontrarse en los pastizales y practicar lo que quinientos mil años después se llamaría fútbol.
Si bien, el fútbol moderno, organizado, reglamentado
desembarcó de las Islas Británicas en las grandes y pequeñas ciudades de las
Américas casi simultáneamente en el último cuarto del Siglo Diecinueve, el aprovechamiento,
desarrollo, práctica y explotación del juego fue absolutamente diferente, disímil,
mientras Brasil, Argentina y Uruguay lo hicieron suyo, lo convirtieron en su
deporte nacional y comenzaron a descollar, a deslumbrar, a triunfar, a exportar
jugadores desde la segunda mitad del Siglo Veinte, luego Colombia, Chile, Perú
se esforzaron y alcanzaron niveles expectables, en tanto que, otros como
nosotros, aún intentamos practicarlo profesionalmente, pues lo que actualmente realizamos
es solo una parodia , un mal dibujo, un bosquejo en blanco y negro, un recuerdo
vívido muy presente de ese desenfrenado, caótico e incansable ir y venir de
nuestros ancestros detrás de la pequeña vejiga.
A tal grado es nuestra desesperanza, nuestro derrotismo,
pesimismo que, perder en competencias internacionales lo consideramos severamente
normal, algo natural, un hábito, una costumbre y si por un extraordinario y
singular alineamiento de planetas y estrellas conseguimos un empate o un
triunfo se convierte para nosotros en un suceso tan increíble, tan asombroso,
tan inesperado, tan inusual que lo celebramos y recordamos por los decenios de
los decenios como un hecho verdaderamente histórico.
Pero, entonces en que pueden descollar nuestros
deportistas, ya que, en futbol mientras persista la actual estructura
dirigencial, la falta de profesionalidad de nuestros jugadores, la insolvencia,
de los clubes, el cortoplacismo de los dirigentes no lo haremos. Desestimemos,
ignoremos ni pensemos que podríamos sobresalir en cualquier otra disciplina deportiva
profesional o amateur, porque si el fútbol que es el primer deporte, no tiene
los medios necesarios, la infraestructura adecuada, los dirigentes idóneos, ni
los recursos suficientes, qué podríamos esperar de las otras especialidades
deportivas que, están caóticamente almacenadas, archivadas, arrinconadas en el
baúl de los recuerdos inservibles, inútiles, desechables.
Ante este panorama tan negativo y desolador, sólo
queda que nuestros jugadores se dediquen al Cacho y quizá podrían deslumbrar,
ganar si no una partida, un campeonato, un torneo, al menos una buena,
reverencial y memorable curda.
José Camargo T.
30 de enero de 2022




0 Comentarios