03: Pasado, Presente y Futuro Calvo o Canoso

 03: Pasado, Presente y Futuro Calvo o Canoso

A algunos siendo muy jóvenes, nos tocó sentir que, sin prisa, pero sin pausa, gradual, lenta y paulatinamente comenzábamos a perder cabello o que éste empezaba a envejecer, personalmente cuando me preparaba a cumplir 23 años fui testigo de cómo en mis sienes hacían su estelar aparición los primeros e irreversibles cabellos canos, hoy como muchos contemporáneos, luzco un cabello algo más plateado que grisáceo. Sea prematura o tardíamente, lo innegable es que, a todos en mayor o menor grado nos toca vivir una historia de transformación capilar y probablemente ser acreedor de un ingenioso o gracioso sobrenombre cabeza de aceituna, bola de billar, bola de boliche, cotonete, copo de nieve, etc.




No nos referimos, a la pérdida o envejecimiento del cabello por estrés o enfermedad, sólo a aquellos procesos “naturales” de calvicie, canicie o de ambas, donde el paso del tiempo se puede medir por la cantidad de cabellos que se van cayendo, perdiendo o que se van pintando de tonos grises a blancos.

Otrora cabelleras negras, rubias o castañas, tupidas o ralas, lacias, onduladas, rizadas o crespas, van hacia un destino común, un sino universal, caerse o pintarse; son tan diversas y variadas las formas en las que se va perdiendo cabello, como lo son las formas que éste comienza a tomar tonos grisáceos; también hay quienes experimentan la gradual pérdida de cabello y el que les queda paulatinamente se va pintando de cano. Sin sonar a consuelo, hay calvicies y canicies extremadamente elegantes, majestuosas, imponentes que inspiran, que transmiten respeto, cuando no, serenidad y sabiduría, y otras bueno ….




La cuestión no es la forma en la que se va perdiendo cabello o como éste se va pintando, el tema es como se toma, como se asume esa pérdida, esa caída, ese pintado, como en todo, unos lo toman con desesperación, aflicción y depresión, otros con resignación, paciencia y tolerancia, una minoría lo toma sensata y tranquilamente, aceptando, admitiendo que el tiempo va pasando.

La industria capilar, que se ha ido nutriendo, consolidando, fortaleciendo y creciendo exponencialmente gracias a quienes se resisten, no aceptan que su cabello se pierda, caiga o envejezca, ha inventado, desarrollado productos, artículos, técnicas, terapias, cirugías que publicitan y prometen no solo disimular, ocultar, ralentizar, detener este proceso, sino revertirlo. Probablemente, el sorprendente avance de la biotecnología, del manejo biomédico de genes y genomas, más temprano que tarde llegue a interrumpir y detener la más notoria y sintomática manifestación del envejecimiento humano.




No es de extrañar que, en las personas que se frecuenta o comparte el día a día, no se lleguen a notar esos pequeños, graduales e irreversibles cambios, esto acontece porque usual, regularmente sólo se los mira, porque cuando se los observa o mira detenidamente recién se cae en cuenta que han tenido cambios, algo similar ocurre al reunirse o encontrarse con alguien después de tiempo. Muchas veces, cuando se ve a un ser querido, familiar o amigo, por quien se siente amor, mucho o entrañable cariño o afecto, no se ve ni observa al ser querido como se ve ahora, se ve la imagen, la foto que de él se tiene grabada en el corazón, en el recuerdo. Estoy seguro que todos tienen esculpidos en sus corazones muchos rostros; así como, yo tengo labrados a cincel en mi corazón los de mi esposa e hijas, de mis padres y hermanos, de mis amigos de barrio, de colegio y de los que gané en mi vida profesional.




Más allá que, un cabello caído pueda llevarse una historia o que un cabello transformado en cana, guarde un recuerdo, nos corresponde a nosotros que, de una forma u otra, hemos protagonizado, actuado, participado o presenciado la historia, el recuerdo, la vivencia, registrar en la memoria, grabar en el corazón los recuerdos agradables, satisfactorios, alegres, gratos, por el contrario, los momentos penosos, vergonzosos, tristes, desagradables, desparramarlos, esparcirlos en los vientos del olvido y jamás evocarlos ni convocarlos.

 

La Paz, 01 de agosto 2021

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