02: Se Suponía Que Era de Raza

SE SUPONÍA QUE ERA DE RAZA

J. José Camargo T.

Ingeniero de profesión, Escribidor por adicción

 

“Podemos juzgar el corazón de un hombre según trata a los animales” Immanuel Kant

Siempre amé a los perros fueran míos o no, quizá ese amor nació en mi Sucre natal, cuando a mis cinco años me enamoré de un pastor belga impresionantemente grande, majestuosamente negro, arrebatadoramente bonachón y terriblemente juguetón y cuidadoso con los niños, pero extremadamente desconfiado e intimidante con quienes osasen acercársenos.


Fui muy afortunado, la vida me regaló muchas mascotas, tuve de todo, ordinarios, mestizos, híbridos, de raza, con pedigrí, todos incondicionalmente fieles, inmensamente cariñosos, simplemente inolvidables, cada uno hubiera merecido una elegía, sus nombres se pierden en las noches de la memoria, citar a algunos sería irreverenciar a los otros, todos fueron miembros de hecho de la familia.

Desde que nacieron mis hijas, quise que adoptasen ese amor, por ello indisimuladamente les transferí la responsabilidad sentimental de los cachorros que iban llegando a nuestras vidas, no fueron muchos, en los últimos veinte años solo dos Abelardo y Toby, tan disimiles como el día y la noche, Abelardo nos acompañó un poco más de cinco años una enfermedad mal tratada fue la causa de su temprana partida, por su pasividad y tolerancia fue la muñeca con cola de mis hijas, por su apacibilidad y docilidad diariamente era parte de sus juegos infantiles, lo arropaban, paseaban en coche-cuna, bañaban y para su deleite le daban leche en mamadera. Su partida nos marcó y entristeció a todos, no nos sorprendió que mi hija menor fuera la más afectada, pues era quien se había conectado más con nuestro pequeño acompañante. Para erradicar la depresión y tristeza que se adueñaron de mi hija, contradiciendo una determinación inicial, decidimos volver a tener un cachorro.



Y llegó Toby, en realidad, creo que fue él quien nos encontró o nos eligió, pues un sábado de mayo salimos de paseo y volvimos con un cachorro insignificantemente pequeño, dueño de una mirada triste, es un Yorkshire de tres meses nos aseguraron, vaya chasco a los tres días los matices de esa raza se decoloraron y afloró su verdadera edad y ascendencia, tenía apenas un mes y era mezcla quizá en tercera o cuarta generación de todo perro de raza pequeña que pudiere haber, su pronunciada mandíbula inferior le hacía dueño de una eterna sonrisa.

Ese rasgo físico de perro risueño y bonachón contrastaba con su personalidad, independiente, tremendamente cascarrabias y vehementemente receloso, rasgos que le acompañan desde que atravesó por primera vez la puerta de nuestro hogar, un día como hoy hace catorce años.



Enemigo acérrimo del agua, pues a la hora de su baño solo se escuchan gruñidos y ladridos que denotan su enojo por ser acicalado. Si es invitado a subirse a la cama para acompañarnos, prontamente es retirado, pues su incansable e inagotable hiperactividad le impide estar tranquilo y apaciblemente recostado siquiera un rato. Guardián y vigilante receloso de sus pertenencias, quien ose levantar su cama o su plato, es objeto de persecución y recibe un sinfín de gruñidos y ladridos con los cuales seguramente quiere expresar su recriminación con ese hecho vandálico. Extrañamente, al encontrarse con un congénere, nunca ha cumplido el ritual canino de reconocerse u olfatearse, probablemente porque considera que son actos burdos y vanos. Dueño de una puntualidad asombrosa para reclamar su comida, no escatima esfuerzos ni ladridos para expresar que llegó la hora de ser alimentado. Si alguna vez un visitante canino ingresa en su territorio, no muestra egoísmo ni enojo, pero si se deprime, quizá por no ser como siempre el centro de su universo.

Toby, ha sido la fuente de inspiración de todo un léxico basado en su nombre, muchos objetos y bienes han sido curiosamente nombrados de esa manera en su honor.



Hoy, que pasa más tiempo descansando o dormitando, que ya tiene un andar notoriamente lento y cansino, escasa audición y una visión defectuosa, aún nos alegra los días y nos acompaña con su eterna sonrisa. No es un perro de raza, no es mimoso, mucho menos faldero, pero es el dueño absoluto del afecto, cariño y cuidado de toda la familia, sabemos que un día tendrá que partir, solo esperamos que sea lo más tarde posible.


La Paz, 13 de mayo de 2020 


Publicar un comentario

0 Comentarios