SE SUPONÍA QUE ERA DE RAZA
J. José Camargo T.
Ingeniero de profesión, Escribidor por adicción
“Podemos juzgar el
corazón de un hombre según trata a los animales” Immanuel Kant
Siempre amé a los perros
fueran míos o no, quizá ese amor nació en mi Sucre natal, cuando a mis cinco
años me enamoré de un pastor belga impresionantemente grande, majestuosamente negro,
arrebatadoramente bonachón y terriblemente juguetón y cuidadoso con los niños, pero
extremadamente desconfiado e intimidante con quienes osasen acercársenos.
Desde que nacieron mis
hijas, quise que adoptasen ese amor, por ello indisimuladamente les transferí
la responsabilidad sentimental de los cachorros que iban llegando a nuestras
vidas, no fueron muchos, en los últimos veinte años solo dos Abelardo y Toby,
tan disimiles como el día y la noche, Abelardo nos acompañó un poco más de cinco
años una enfermedad mal tratada fue la causa de su temprana partida, por su
pasividad y tolerancia fue la muñeca con cola de mis hijas, por su apacibilidad
y docilidad diariamente era parte de sus juegos infantiles, lo arropaban, paseaban
en coche-cuna, bañaban y para su deleite le daban leche en mamadera. Su partida
nos marcó y entristeció a todos, no nos sorprendió que mi hija menor fuera la más
afectada, pues era quien se había conectado más con nuestro pequeño acompañante.
Para erradicar la depresión y tristeza que se adueñaron de mi hija, contradiciendo
una determinación inicial, decidimos volver a tener un cachorro.
Ese rasgo físico de perro
risueño y bonachón contrastaba con su personalidad, independiente, tremendamente
cascarrabias y vehementemente receloso, rasgos que le acompañan desde que
atravesó por primera vez la puerta de nuestro hogar, un día como hoy hace
catorce años.
Enemigo acérrimo del agua,
pues a la hora de su baño solo se escuchan gruñidos y ladridos que denotan su enojo
por ser acicalado. Si es invitado a subirse a la cama para acompañarnos,
prontamente es retirado, pues su incansable e inagotable hiperactividad le
impide estar tranquilo y apaciblemente recostado siquiera un rato. Guardián y
vigilante receloso de sus pertenencias, quien ose levantar su cama o su plato,
es objeto de persecución y recibe un sinfín de gruñidos y ladridos con los
cuales seguramente quiere expresar su recriminación con ese hecho vandálico. Extrañamente,
al encontrarse con un congénere, nunca ha cumplido el ritual canino de
reconocerse u olfatearse, probablemente porque considera que son actos burdos y
vanos. Dueño de una puntualidad asombrosa para reclamar su comida, no escatima
esfuerzos ni ladridos para expresar que llegó la hora de ser alimentado. Si
alguna vez un visitante canino ingresa en su territorio, no muestra egoísmo ni
enojo, pero si se deprime, quizá por no ser como siempre el centro de su
universo.
Toby, ha sido la fuente
de inspiración de todo un léxico basado en su nombre, muchos objetos y bienes
han sido curiosamente nombrados de esa manera en su honor.




0 Comentarios